Obama y el periodismo

Mientras era senador federal por Illinois, Obama escribió sobre sus experiencias con los medios. Ya entonces consideraba que la prensa propulsaba su meteórica carrera, y eso también lo prevenía frente a ella: “Precisamente porque he visto cómo la prensa me ha alzado a unas cimas a las que puede que me cueste llegar, soy consciente de lo rápido que puede funcionar el proceso inverso” (p. 129). David Axelrod ya era su consultor en el tema.

La Audacia de la Esperanza (Editorial Península, Barcelona, 2009) es un gran libro. Los capítulos “Fe”, “Raza” y “Familia” son excelentes insights a su vida y a su sociedad. Y en el capítulo al que llama simplemente “Política” le dedica interesantes páginas para describir su visión de cómo el periodismo interactúa con los políticos. Si bien reconoce las virtudes de una “prensa exigente” (p. 140), finalmente coincide con la clase política internacional en tener una visión mas bien crítica del periodismo. Sus críticas principales son:

* Crecimiento de la prensa partisana: “Lo que actualmente llama más la atención es la aparición de una prensa desvergonzadamente partidista: tertulias de radio, Fox News, columnistas de periódicos, el circuito de tertulias del cable y, más recientemente, los bloggers, todos ellos intercambiando insultos, acusaciones, rumores e insinuaciones veinticuatro horas al día, siete días a la semana (…)  no se puede negar que todo ese ruido y furia, magnificados a través de la televisión e Internet, vuelven más áspera  la cultura política. Hace que los temperamentos se enciendan y contribuye a fomentar la desconfianza”. (p. 129)

* Concepto de objetividad demasiado neutro: “… incluso entre los periodistas más escrupulosos, la objetividad viene a significar publicar los argumentos de ambas partes sin manifestar ninguna perspectiva sobre qué parte puede llevar razón” (p. 133)

* La inexistencia de lo que nosotros, no Obama, llamamos ‘base informativa común’: “Ahora no existe ninguna figura con autoridad….al que todos escuchemos y en quien confiemos para que nos diga cual de dos versiones contradictorias es la verdadera. En vez de eso los medios están divididos en mil fragmentos, cada uno de ellos con su propia versión de la realidad, cada uno de ellos pidiendo la lealtad de una nación dividida. Según cuales sean sus preferencias mediáticas, el cambio climático global se está acelerando rápidamente o no; el déficit presupuestario está subiendo o bajando. (…). La ausencia de un mínimo acuerdo sobre los hechos hace que cualquier opinión valga lo mismo y, por tanto, elimina las posibilidades de un compromiso sensato. Recompensa no sólo a los que tienen razón sino a aquellos –como la oficina de prensa de la Casa Blanca- que pueden emitir su mensaje más alto, con mayor frecuencia, mayor obstinación y con mejor telón de fondo” (p.135).

* Falta de rigor:  Se refiere con un ejemplo al que considera “el aspecto más sutil y corrosivo de los medios modernos: como una historia en particular, repetida una y otra vez lanzada al ciberespacio a la velocidad de la luz, acaba convirtiéndose en una realidad; cómo las caricaturas políticas y los fragmentos de ideas preconcebidas se alojan en nuestro cerebro sin que jamás dediquemos tiempo a examinarlos” (p.132). Esta crítica incluye a los periodistas, comunicadores diversos y a las audiencias.

* Facilidad para integrarse a procesos de manipulación: “La manipulación funciona…precisamente porque los propios medios la acogen con entusiasmo. Todos los periodistas de Washington trabajan bajo la presió que les imponen sus directores y productores, que a su vez responden ante sus editores o ejecutivos de la cadena, que a su vez se pasan el día repasando las audiencias de la semana pasada o las cifras de circulación del año pasado y tratan de sobrevivir a un público que cada vez más prefiere jugar con su PlaySation y ver los realities. Para cumplir esa fecha límite, para mantener la cuota de mercado y alimentar a la bestia de las noticias por cable, los periodistas se mueven en manadas, se alimentan de los mismos comunicados de prensa, de las mismas situaciones y actos prefabricados, de las mismas cifras de siempre. El caso es que para los lectores y espectadores que andan siempre muy ocupados y consumen esporádicamente las noticias, las historias más trilladas son hasta cierto punto bienvenidos. Les exigen poco tiempo y esfuerzo; son rápidas y fáciles de digerir. A todo el mundo le resulta más sencillo aceptar la manipulación” (p. 133)

* Promover conflictos: “(…) viejo recurso periodístico del conflicto personal. Es difícil negar que la cortesía política ha declinado en la última década y que los partidos difieren en cuestiones políticas fundamentales. Pero al menos parte de ese declive de la cortesía puede atribuirse directamente al hecho que, al menos desde el punto de vista de la prensa, la cortesía es aburrida” (p. 134)

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