Consigna: De nada

Me van a tener que agradecer hasta el fin de los días esta consigna. Leer a Kapuscinski. Para el 30 de septiembre tienen que redactar un comentario crítico de tres carillas sobre la lectura que les toca. Todos están en la biblioteca, pero creo que hay solo un ejemplar, por lo tanto coordinen con quienes tienen asignado el mismo libro. Pueden hacer cambios entre ustedes. Si me olvide de alguien, avisen.

Libros de Kapu que están esperándolos ansiosos en la biblioteca Libro que corresponde a cada alumno/a
884.92 K22M
El Mundo de hoy
Kapuscinski, Ryszard, 1932-2007
Delfina Alvarez Saez / Marina Pagni

(mitad cada una)

884-92 K22J
La jungla polaca
Kapuscinski, Ryszard,
Florencia Campobello / Sofía Capelle

(mitad cada una)

884-92 K22E
Encuentro con el otro
Kapuscinski, Richard
Marcos Coll Areco / Nicole Insignares

(mitad cada uno)

884-92 K22I
El imperio
Kapuscinski, Ryszard.
Javier Bruggia / Agustín Clemente

(mitad cada uno)

884-92 K22V
Viajes con Heródoto
Kapuscinski, Ryszard.
Camila Mejía / Pilar Ronchino

(mitad cada uno)

884-92 K22G
La guerra del fútbol y otros reportajes
Kapuscinski, Ryszard.
 Ignacio Legeren /Magdalena García Peña

(mitad cada uno)

884-92 K22E
El emperador
Kapuscinski, Ryszard.
Fernanda Díaz Bancalari / Casiana Marull

(mitad cada una)

884-92 K22L
Lapidarium IV
Kapuscinski, Ryszard.
 Teresa Pfirter / Lucila Djeredjiam

(mitad cada una)

884-92 K22U
Un día más con vida

Kapuscinski, Ryszard.

 Lucrecia Magnanini / Clara Suárez /Katty Ruiz

 (mitad cada una)

070.4 K22C
Los cínicos no sirven para este oficio : sobre el buen periodismo
Kapuscinski, Ryszard
 

Marcos Castelo / Carola Ríos /Alejandra Seclen

(mitad cada uno)

884-92 K22E
Ébano
Kapuscinski, Ryszard,
Santiago Tezanos Pinto / Juan Manuel Ferrer / José Kepcija

(un tercio cada uno)

884-92 K22S
El Sha o la desmesura del poder
Kapuscinski, Ryszard.
Benjamin Gaviña / Tomás Mayorga

(mitad cada uno)

16 Respuestas a “Consigna: De nada

  1. Casiana Marull

    El emperador
    En este libro Ryszard Kapuscinski intenta descubrir la misteriosa personalidad de Haile Selassie, emperador de Etiopía; el Rey de Reyes, el León de Judá, el Elegido de Dios, el Muy Altísimo Señor, Su Más Sublime Majestad, descendiente directo de Salomón, que gobernó con mano de hierro durante casi 50 años, hasta que en 1974 fue derrocado por un Golpe de Estado.
    “Cada noche me dedicaba a escuchar a los que habían conocido a la corte del Emperador. En un tiempo habían sido hombres de palacio o al menos disfrutaban del derecho a acceder a él libremente”.
    Guiado por Teferra Gebrewold, jefe del Ministerio de Comunicaciones durante el reinado del emperador, Kapuscinski entrevistó clandestinamente a quienes habían tenido acceso al palacio, o habían conocido al hijo de Menelik: “los visitaba al caer la noche y para ello tenía que cambiar de coche y de disfraz viarias veces” “…no querían creer en la sinceridad de mis intenciones: tratar de encontrar el mundo barrido por las ametralladoras de la IV División”.
    En un principio el libro parece extraño, comienza cada apartado con una serie de citas que, en forma de alegoría, aluden a aquello de lo que se hablará más adelante.
    Luego, empieza la catarata de iniciales separadas por puntos, comas y guiones (no podía ser de otra manera dado que los nombres son etíopes). Estos indican en comienzo de los testimonios. Hasta la aclaración del propio autor 30 páginas después de haber empezado a leer (“Ahora que ya está muerto puedo decir como se llamaba…”), seguía teniendo dudas sobre su modo de identificar las fuentes. Parecía raro que un licenciado en comunicación después de haberse grabado a fuego en el cerebro la importancia de los datos, fuese incapaz de nombrar a quienes contribuyeron con la construcción del texto. Es posible que cuando conversó con cada uno de los hombres del emperador, haya acumulado tantas peticiones de prudencia y resguardo que haya decidido transcribir sólo las iniciales, para evitar represalias.
    A través de la transcripción de esas conversaciones, da a conocer las extravagancias; contradicciones, entre lo dicho y no dicho; excesos, del estilo: “con motivo del encuentro de los presidentes el Emperador dio un banquete impresionante. Con este fin se había traído vinos y caviar de Europa en vuelos especiales”; y miserias del reinado de Haile Selassie. El desafío emprendido por Gebrewold y Kapuscinski fue, como dice el autor, “la de coleccionistas que deseaban recuperar los cuadros condenados a la aniquilación para hacer con ellos la exposición antiguo arte de reinar”. Este conjunto de visiones que se chocan unas con otras resultan en una imagen de Selassie y, si no aclaran el auténtico pensamiento del Emperador, sí perfilan poco a poco su figura, por momentos caricaturesca.
    “El Emperador daba comienzo a la jornada escuchando denuncias”: Haile Selassie, consciente de que por las noches ocurrían demasiadas cosas, tenía seleccionados varios informantes (que competían fervientemente unos con otros para que “Su Venerable Majestad” los reconociera más eficientes que el resto de sus compañeros) para conocer los hechos nocturnos del Imperio. Aquí el testimonio hace especial hincapié en que el Digno Señor, como se refiere la fuente, no tenía la costumbre de escribir, “no existía para él la palabra escrita o impresa”, pues de esta forma fácil y astutamente Haile Selassie se ponía al margen de cualquier responsabilidad; “el emperador podía declarar que el funcionario tal o cual le había relatado algo totalmente distinto… y éste no podía defenderse por no existir ninguna prueba por escrito”. De modo que, conscientemente, él era responsable de todo, pero, al mismo tiempo, en virtud de sus órdenes orales, y conscientemente de nuevo, él no era responsable de nada. Se le podía malinterpretar, se podían confundir sus deseos, podía decir que nada era verdad, que nada había dicho, que nada había ordenado, pero que todo merecía su consideración, preocupación y consuelo.
    “El tiempo comprendido entre las nueve y las diez de la mañana lo pasaba Su Majestad en la Sala de Audiencias distribuyendo nombramientos, y por eso a esa hora se la llamaba la hora de nombramientos”. En esa hora el Emperador premiaba, colmaba de favores y nombraba, pero también amonestaba, castigaba y degradaba.
    “…en el palacio la magnitud del poder no estaba fijada según la jerarquía de los cargos sino por el grado de acceso al Honorabilísimo Señor”. Es decir, la jerarquía de los allegados al trono se establecía de acuerdo con otros criterios según el número de accesos que el “Distinguidísimo Señor” les brindaba, puesto que era más importante quien obtenía el oído imperial con mayor frecuencia.
    Lo destacable de la vida en el palacio, ilustrado en los testimonios, es que las funciones “más importantes” para el Emperador, como el lacayo de la tercera puerta, el talaguero, el colocador de almohada debajo de los pies, entre otras, eran cumplidas por personas de menor rango social, en quienes Selassie ponía su confianza para cuidar la dignidad imperial. Frenar al emperador por no abrir a tiempo la puerta, o permitir que sus pies colgasen al sentarse por no colocar a tiempo la almohada era una ofensa irreparable.

    Kapuscinski ilustra de modo sorprendente la llegada del Emperador al palacio; el abarrotamiento de los fanáticos, asombrados por la presencia de su “Infatigable Señor”, que se acercaban desesperados (hasta una distancia prudente) para simplemente ser vistos por el heredero de Salomón, puesto que el “Misericordioso Señor” tenía una memoria visual infalible, que le recordaría los rostros presentes a la hora de premiar la lealtad (entre las nueve y las diez de la mañana, en la hora de los nombramientos).

    La forma en que se comportaba la gente alrededor del Emperador, las costumbres, el modo de referirse a él: Honorable, Insigne, Gran, Poderoso, Bondadoso y Nobilísimo Señor, entre otras, el dominio por parte del Emperador de cada gasto, por más ínfimo que fuese, cada acción, demuestran que Haile Selassie construyó un monarca que planeó detalladamente la estructura de poder, procuró rodearse de gente tan mediocre y apegada a sus privilegios, que llegó a actuar como si el país no pudiera existir sin él.
    El modo de contar, los testimonios y los incisos agregados por el autor, que demuestran que verdaderamente estuvo en el lugar de los hechos, hacen de “El Emperador” un libro atrapante y por sobre todo, muy recomendable.

  2. Agustin Clemente

    Viajes con Heródoto – Primera parte-

    La obra del periodista polaco Riszard Kapuscinsski podría, para un mejor análisis, dividirse en dos partes que pueden considerarse complementarias y, a su vez, cada una con un valor invidual. Por una parte, el autor manifiesta en su obra diferentes viajes que realiza debido a su profesión periodística, cabe resaltar que bajo el régimen comunista en el que vivía (la obra se sitúa en Polonia en los años 50 y 60) las personas no podían salir del país. Por otro lado, el autor recibe un ejemplar del libro “Historia” del filósofo griego Heródoto, el cual le sirve de reflexión y con el que viaja a todos lados. Por momentos el autor contextualiza las ideas del filosofo griego aplicándolas a situaciones que vive en sus viajes, generando así, que ideas descriptas hace miles de años sean aplicadas en la realidad de la época.

    Viajes:
    El autor comienza el libro con un anhelo personal: cruzar la frontera. Se pregunta como sería estar del otro lado de su tierra, algo que nunca vivió por estar viviendo en un régimen comunista que no permite el libre transito de los habitantes. Esta es una, desde mi punto mi vista, primera critica oculta que el autor hace del sistema comunista. No la veo como intencional, pero al manifestar que no depende de él poder hacer un viaje o simplemente salir del país y ejercer una libertad tan básica como la de transito, está sin lugar a dudas señalando un defecto de la sociedad en la que vive.
    Es una constante del autor, a lo largo de todos los viajes, resaltar las diferencias y las injusticias sociales.
    El primer viaje que el periodista hace es a la India. Enviado por el medio para el que trabaja le encargan cubrir ese país que ha acercado relaciones con Polonia y con el régimen soviético. Al llegar al país, el principal tema en el que el autor profundiza es en la dificultad que tiene para comunicarse, podría trazarse un paralelismo y notar que esa falta de comunicación por parte del lenguaje, es similar a la falta de entendimiento cultural que se da entre Europa y Asia. Mas aún entre Oriente y Occidente. La estadía en la India también genera una segunda crítica al sistema comunista, esta también sin intenciones, que se genera cuando el autor siente empatía por la cantidad de personas descalzas y cuenta lo difícil que era hacerse de un calzado en su país en tiempos de la guerra.
    El segundo viaje es por China. Según explica Kapuscinsky, le toca viajar en un mal momento. En principio es invitado por una política de apertura China, esta termina con él ya en el país lo que le genera muchas dificultades para trabajar. En su visita a la gran muralla, dejando de lado toda la inmensidad y lo majestuoso de la obra, el autor decide resaltar lo innecesario de la misma. Es recurrente de Kapuscinsky, analizar y preguntarse algo totalmente diferente a lo que la mayoría de la gente se preguntaría o se sorprendería al visitar ciertos lugares.
    El último viaje de la parte del libro que tuve que leer es en Egipto. Allí con la excusa de tener que tirar una botella vacía de alcohol (el gobierno egipcio había prohibido la ingesta de alcohol y el periodista podía quedar preso en caso de que se lo descubra con una), el autor resalta lo vigilada que vive la gente en la dictadura de Nasser. Es la primera vez que Kapuscinsky hace un comentario sobre el papel de la gente del pueblo en una dictadura. Creo que acierta con el comentario que hace, donde dice que el deber de vigilar es de todos y eso sirve para que cada uno sienta que colabora con el estado y , en el caso de haber cometido algún error en el pasado, sienta como que lo esta pagando. La paradoja del caso es que una persona que el creía que lo vigilaba y que a su vez velaba por la seguridad de todos, termina por robarle en un barrio alejado.
    El libro de Heródoto y el análisis filosófico de la obra

    Al partir en su primer viaje Kapuscinsky recibe como regalo el libro “Historia” de Heródoto, un filósofo griego. La obra de Heródoto tiene como finalidad “impedir que le tiempo borre la memoria de la historia de la humanidad”. Este libro acompaña al protagonista en todos sus viajes y “Viajes con Heródoto” mezcla capítulos descriptivos de sus viajes con análisis e historias de vida contadas en el libro del filósofo griego.
    Una de las historias que más me atrapó fue la del rey persa Ciro. En ella el autor elige relatar la campaña que el rey y su ejército hacen hacia un territorio que desean conquistar. En esa travesía, vuelve a aparecer un tema recurrente en la obra del periodista: la desigualdad. Se encarga de mostrar todos los beneficios que tenia el rey, mientras su ejercito padecía y moría en la travesía.
    Otro tema que analiza Heródoto en su obra y con el que reflexiona Kapuscinsky es el de la felicidad. Para graficarlo cuenta la historia del rey Creso quien posee un reino millonario y se considera el más feliz de todos. Luego de perder a su hijo y de perder una batalla frente a los persas descubre que la felicidad no era en absoluto material. Esta parte de la obra donde se critica, no explícitamente, toda la felicidad material se adecua un poco más a mi apreciación personal de la ideología del autor. En ningún momento Kapuscinsky hace autocrítica de su país y de su sistema de gobierna. Las injusticias parece descubrirlas y remarcarlas en el exterior de su país.

    El rol periodistico de Kapuscinsky
    En ambas partes del libro, el protagonista se nos presenta como un ser curioso, muy curioso. En todos los viajes describe sus constantes aventuras solo, recorriendo y notando cada detalle de la gente, los edificios y su permanente búsqueda por conseguir más información sobre el lugar donde está viviendo.
    En la parte de lectura y reflexión de la obra de Heródoto, constantemente el protagonista se pregunta cosas del autor. Durante un pasaje se pregunta por su infancia, en otro caso sobre la forma en que realiza los viajes y demás.

    Queda claro el rol de periodismo que Kapuscinsky toma y predica. Un periodismo ciudadano y no de redacción. Un periodismo que va hacia el lugar de los hechos y se empapa de su cultura para poder comprenderlos y de esa forma explicarlos mejor. Un periodismo que comparta con los protagonistas el lugar donde se dan los acontecimientos y de esa forma vivirlos para poder transmitirlos.

  3. Delfina Álvarez Sáez

    El mundo de hoy

    “Ahora ya no me acuerdo por qué, pero un día escribí un poema y lo envié a un periódico, y éste lo publicó. La decisión de aquel equipo de redacción selló mi destino.”
    Esta cita se encuentra en el libro de Ryszard Kapuscinski “El mundo de hoy”. El polaco es un representante de lo que es el periodismo contemporáneo. Fue quién creó un nuevo periodismo, una nueva manera de escribir reportajes y quién definió a sus escritos como textos de un nuevo estilo.

    En el trascurso de su carrera cubrió revoluciones, guerras, golpes de Estado, genocidios, rebeliones, etc. Y busca reflejar todo esto con la sinceridad y franqueza que lo caracteriza, mostrando la realidad más cruda, la que pocos vemos.

    “Al citar fascinantes e importantes reflexiones de otros no sólo enriquecemos nuestro texto sino que también lo dotamos de plasticidad.” Es por eso que voy a hacer honor a sus palabras y citaré las frases más interesentes de cada sección, a mi entender.

    El libro está divido en tres grandes partes: la primera escrita como una autobiografía dónde trata de plasmar sus recuerdos y experiencias; la segunda dedicada al periodismo y la literatura; y la tercera como un análisis del mundo contemporáneo.

    La primera parte comienza con un capítulo llamado –Mirando hacia atrás (sin ira). Allí el autor nos traslada a las vivencias de su infancia, a la realidad en la cuál le toco crecer. Por medio de anécdotas y pensamientos el lector comienza a sumergirse en ese mundo ajeno, en esa guerra, en esa soledad. “Durante toda la guerra soñé con un par de zapatos”.

    Mientras que las palabras surgen el contexto se define y su perfil se especifica. Pareciera que cada una de sus experiencias lo fue preparando para lo que luego llegó a ser. Sus recuerdos funcionaron como herramientas para su vocación.
    “¿Cómo no me alcanzó ningún proyectil, si no es gracias a una suerte desmesurada? Pero a veces también es cuestión de experiencia, de experiencia de guerra. En mi caso, adquirida de niño.”

    Estos pensamientos surgen cuando Kapuscinski revive la etapa, entre 1959 y 1981, en la que trabajó para la Agencia de Prensa Polaca (PAP) como el único corresponsal extranjero.

    “Escribo sobre la guerra y sueño con la paz.”
    “La guerra es un desastre. Siempre.”

    En esos párrafos hace distinciones entre los diferentes tipos de periodistas y también escribe una serie de consejos para realizar un buen periodismo, ubicando a la empatía como cualidad esencial.

    “Creo que para ejercer el periodismo, ante todo, hay que ser buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas. Si se es una buena persona se puede intentar comprender a los demás, sus intenciones, su fe, sus intereses, sus dificultades, sus tragedias. Y convertirse en parte de sus destinos”.

    La segunda parte de su obra en donde habla sobre el periodismo y la literatura se distinguen dos secciones: la misión del reportero y el taller del escritor.

    “No hago diferencia entre periodista, escritor y reportero. En mi caso las tres
    cosas se funden en una sola”. “El reportero es esclavo de la gente: no puedo hacer más que aquello que esa gente le permita”. “Los autores debemos mostrarnos humildes y tener siempre presente que un libro nuestro editado en otra lengua lo firmamos sólo a medias”.

    Explica la importancia de las lenguas para el periodista y especialmente para el reportero. Se presenta como un detallista en sus observaciones y en sus palabras. Trata de decir lo máximo con el mínimo de palabras e imágenes. Y así se ve claramente en toda su obra.

    En una entrevista de José Garza, publicada en el 2007 en la revista Armas y letras, Agata Orzeszek traductora de Ryszard Kapuscinski, confesó que traducir a Kapuscinski es traducir a un amigo.

    Agata da detalles acerca de los textos y los pensamientos del llamado reportero del siglo:
    “Sobre todo he descubierto una importante vitalidad. Kapuscinski me lo dijo en una de las conversaciones que tuvimos alrededor de sus libros de América Latina:
    ‘Es un lugar maravilloso porque aquello hierve, hay un montón de ideas, impulsos nuevos. En Europa estamos prácticamente muertos…’. Y eso es lo que he comprobado, hay un bullicio de ideas, de teatro, de poesía, de compromiso, mucha gente comprometida consigo mismo, con su quehacer”.

    Él podría describirse como un enamorado del mundo, y no de un país o sector.
    Con su personalidad inquieta, su voluntad al cambio y su poder de adaptación, es comprensible entender como Ryszard cada vez que viaja a algún lugar siente que debería estar en otro. Esa intriga y pasión por conocer es lo que lo hacen especial.

    “Los críticos califican mi obra como reportaje antropológico, reflexivo o filosófico.” Pero el siente que tiene que renovar el genero del reportaje, que deben dejar de limitarse a los datos, a las obviedades que se encuentran en las bibliotecas. Él quiere darle a su público ese plus, esa mirada suya, ese método tan suyo de narrar los hechos. Es por eso que vale la pena leerlo.

    Su estilo tan marcado y definido, su vida contada por el mismo, el ritmo de sus frases, párrafos y capítulos, hacen de esta libro otra obra maestra de este hombre que ha vivido como un ejemplo para todos los periodistas. Y que por medio de sus textos buscó darle voz a esas realidades que poco se escuchan.

    “Cada uno de mis libros no es sino una muestra de agradecimiento al destino que me ha permitido ver, oír y tocar tantas cosas.”

  4. EL IMPERIO
    Ryszard Kapuscinski

    Un nombre describe, señala, limita. Las cosas reciben su nombre por razones. Quien las nombra no lo hace en vano. Y no en vano decidió Ryszard Kapuscinski nombrar a su libro como lo hizo, y llamar a la Unión Soviética “El Imperio”.

    Se pueden reconocer dos actitudes antagónicas ante el desplazamiento en el espacio: la actitud del turista y la del viajero. El turista es un hombre que hace un viaje superficial. Recorre un destino con una guía en la mano, descubriendo aquello que tantas veces fue descubierto, mirándolo como miles ya lo miraron. El viajero, por otro lado, va a donde no lo invitan. Él busca vivir aventuras, conocer lo más profundo de cada ciudad, lo oculto, lo propio, la identidad. Y se entrega al gozo efímero del viaje.

    Un autor que leí una vez sostenía que para escribir hay que salir a vivir aventuras. Viajar como lo hace un viajero. ¿Qué puede escribir quien se encuentra encerrado entre cuatro paredes? La imaginación se alimenta de la experiencia. La curiosidad periodística de Ryszard Kapuscinski lo empuja a recorrer, buscar, conocer, preguntar. O es quizás su espíritu de escritor aventurero lo que lo lleva a meterse en las culturas, en las cabezas y en los corazones. Conocer lo desconocido. Vivirlo. Acá nos enfrentamos a dos conceptos que fusionados crean una sinergia: la literatura y el periodismo. Este libro es fruto del romance entre estos dos. En él, periodismo y literatura son uno.

    En “El Imperio” conviven muchas voces. Distintos protagonistas, distintos testigos. La voz del autor, que nace como una voz de un niño y se transforma en la de un hombre, nos guía por distintos tiempos y espacios. Conocemos así historias y personas. Verdades, denuncias, relatos.

    El primer encuentro

    “Los gritos, el llanto, los fusiles y las bayonetas…todo eso está allí, en aquel mundo en que entro cuando tengo siete años”.

    El mundo que primero nos describe el autor es uno regido por la ira y el terror. Su primer encuentro con la Unión Soviética se da con la invasión a Polonia, su país natal. La mirada que nos presenta es la de un niño. Una mirada inocente, asustada e inconsciente.

    La Unión Soviética avanza y conquista sembrando el terror. Así todo, incluso la educación, se tiñe de rojo. Comunismo, Lenin y Stalin. Insignias de los líderes que los niños intercambian como figuritas. Un abecedario que comienza con la S. Un solo libro: Stalin: Voprosy Leninisma. Las madres que no duermen. Las familias que desaparecen de noche. Los vagones repletos de hombres apretados que parten de la estación. Los soldados.

    Nos convertimos en silenciosos testigos de la corrupción de una generación que crece en el odio, el miedo, la represión, el terror y la pobreza. Los niños todavía lo veían como un juego. Temen lo que no comprender, y aprenden a vivir sin nada que perder. Una larga fila de niños se forma en la puerta de una caramelería. Toda una noche de nieve y frío esperan para comprar los dulces que les habían prometido. Hacía meses que los almacenes habían cerrado, sin comida para ofrecer. Apenas se sobrevivía con lo que se podía cosechar. La desilusión de las latas vacías de la caramelería rápidamente fue reemplazada por una excitación generalizada: las latas tenían migas y restos de caramelos en los bordes. Los pobres niños corrieron a sus casas a pedir a sus madres que hiervan agua en las latas. Esa noche beberían agua dulce.

    El segundo encuentro

    Un Kapuscinski más adulto mira desde la ventana del tren todo lo que toca la ruta del Transiberiano. Alambres, perros y soldados resultan innecesarios: el paisaje es una cárcel. Ellos sirven sólo de advertencia. En Siberia todo es llanura e inmovilidad.

    “En espacios inmensos y monótonos la medida del tiempo se diluye, deja de regir, deja de tener significado. Las horas pierden la forma, se vuelven deslavazadas, lacias, como los relojes en los cuadros de Dalí”.

    Siberia es la muerte segura. El peregrinaje del deportado a Siberia no es solamente un viaje. Es algo más. Es una humillación, es un contacto con la muerte. Te despoja de todo lo humano.

    “Hay en este paisaje siberiano de enero algo que inmoviliza, que paraliza y oprime. Y ese algo es, sobre todo, su inmensidad, su inconmensurabilidad, su oceánica infinitud. Aquí la tierra, el mundo, no tiene fin. El hombre no está hecho para tamaña desmesura”.

    Entrar en Siberia es hundirse en la nada, ir desapareciendo. El blanco es el color de la resignación ante el destino. Toda la inmensidad es un límite: la muerte.

    “Y el blanco, un blanco omnipresente, cegador, misterioso, absoluto. Un blanco que cautiva, pero si alguien deja que lo seduzca, si, queriendo adentrarse en él, cae en su trampa, morirá. El blanco destruirá a todo aquel que intente acercársele, que trate de descubrir su secreto”.

    El tercer encuentro

    “La ruta de mi nueva incursión pasaba por siete repúblicas del sur de la antigua URSS: Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Turkmenia, Tayikistán, Kirguizia y Uzbekistán…Tal como la veíamos y nos la imaginábamos desde afuera, la URSS aparecía como un bloque uniforme y monolítico donde todo era igual de gris y oscuro…¿Y qué fue lo que más me llamó la atención? Pues que ha pesar del rígido y cuartelero corsé del poder soviético, los pueblos de allí, pequeños pero muy antiguos, habían logrado conservar algo de sus tradiciones, de su historia, de su orgullo y dignidad que se veían obligados a ocultar”.

    Como un pintor el autor logra retratar la riqueza de estos pueblos. Desnuda sus rincones ocultos, sus pasiones, sus secretos. Nos volvemos parte de una cultura llena de vueltas y aristas. Su gente, el arte, la comida y la religión. Los antepasados, la historia, el origen del mundo encerrado en los números 28 y 32. La presencia de Dios en la belleza, en el rostro de una mujer. El aroma de flores que cura. Una ciudad donde el té es vida, y el pez felicidad. Un abrazo amoroso de dos personas que se despiden para siempre.

  5. EL IMPERIO
    1993
    De Ryszard Kapuscinsky.
    El Imperio es un compendio de vivencias personales que protagonizó Kapuscinsky en dos de sus estadías en la Unión Soviética. Sus relatos describen y retratan la caída del régimen soviético desde una mirada muy particular: una mirada desde adentro, la mirada de los propios habitantes del “imperio”.
    Kapu ya lo aclara desde el prólogo: “El libro no es un manual de historia de Rusia ni de la antigua Unión Soviética. Tampoco es la historia del nacimiento y caída del comunismo (…) Es un relato personal de los viajes que hice por sus vastos territorios…”
    El primer viaje, entre los años 1939 y 1967, están resumidos en la primera parte del libro bajo el título “Primeros encuentros”. La segunda parte, “A vista de pájaro”, reúne las crónicas de su segundo viaje entre los años 1989 y 1991.
    En 1989, la caída del Muro de Berlín, como hecho simbólico, fue el comienzo de las fases finales del sistema comunista en la URSS, que siguió con el reemplazo de la URSS por una comunidad de Estados Independientes a partir de 1992.
    Entonces, por qué el libro se llama Imperio, si la Rusia imperial designa el período iniciado por Pedro I con las conquistas de los territorios entre el Mar Báltico y el Océano Pacífico hasta la Revolución Bolchevique de 1917, muy lejos de las épocas que nos cuenta Kapuscinsky. Porque el autor intenta plasmar en sus relatos aquel deseo frustrado, pero siempre presente en el gen ruso, de conquistar, de ampliar ilimitadamente sus fronteras.
    De este libro, como de toda su Obra, rescato una serie de características que para mí explican de alguna manera por qué Kapuscinsky fue y es quien es: un periodista que utilizó las técnicas de la literatura y la etnografía para profundizar y enriquecer sus crónicas, con detalles, testimonios e historias de vida que permitieron hacer visible la denuncia, esencia del periodismo, sin necesidad de que esté en un título, o resaltada en una bajada.
    En definitiva, Kapuscinscki logra conjugar credibilidad y atractivo en el relato periodístico a partir de la ficcionalización de la historia, desde un punto de vista humano y sensible que permite entrever los grandes problemas que atañen al hombre.
    LA CRÍTICA DECORADA PARA EVITAR LA CENSURA
    Entre 1954 y 1981 Kapu fue miembro del Partido Unido de los Trabajadores Polacos (denominación que tenía en Polonia el Partido Comunista). En 1964, fue designado por la Agencia de Prensa Polaca como su único corresponsal en el extranjero. A partir de ese momento, emprendió una serie de viajes, especialmente por los países del tercer mundo.
    Él describía detalladamente, por medio de las voces de sus protagonistas, las condiciones de opresión bajo las cuales vivían los habitantes de los países que visitaba. Todos ellos gobernados por regímenes dictatoriales, tiranos, autoritarios y violentos; características que se repetían en el gobierno que en aquel momento sometía a su Polonia natal.
    Así por ejemplo, en la p. 133 del libro mientras de forma inocente y objetiva describe a la ciudad de Tibilis, comenta: “En el resto del Imperio la gente tenía que hacer cola para comprar una botella de agua mineral, mientras que aquí se podía beber directamente de las fuentes, tan abundantes en la ciudad.”
    De este modo, denunciaba las irregularidades del gobierno trasladando el eje de la crítica, contando lo que veía en otro lugar como algo natural y comparándolo con lo propio.
    FUNCION BÁRDICA
    Giovanni Bechelonni, reconocido profesor y periodista italiano, se refiere a la función bárdica como a aquella necesidad permanente que las sociedades humanas han expresado ya desde épocas muy antiguas: la necesidad de narrar y escuchar historias. Ninguna otra cosa más que la historia es lo que siempre consigue estar en el centro de la atención colectiva.
    Kapuscinski lleva esta función a su máximo exponente. Hace, de documentos periodísticos, historias simples y comprensibles. Ficcionaliza la noticia. No la inventa, la cuenta de un modo diferente: con personajes y problemas; con un principio y un desenlace.
    En el capítulo Templo y palacio (Aún en Moscú) hay un pasaje que puede servir de ejemplo: “Ese imponente y esplendido templo, único en su clase y orgullo del arte y arquitectura rusas, existió cuarenta y ocho años: hasta mediados de 1931, es decir cuando Stalin decidió demolerlo” (Imperio, p. 110)
    De lectura afable y entendible, relata la demolición del Templo de Cristo Salvador para la construcción del Palacio de los Soviets en Moscú. Uno lo lee y parece estar ante una obra literaria, se deja llevar por el relato. El texto termina y se comprende la mensaje: el estilo gobernante y por ende el estilo de vida ruso en aquellos tiempos; el autoritarismo insolente de Stalin, la pasividad de sus gobernados, la “demolición” de su historia.
    EL VALOR DEL DETALLE PARA IR A LO GENERAL
    “Dentro de una gota hay un universo entero. Lo particular nos dice más que lo general; nos resulta más asequible”, comenta Kapu en otro de sus libros, El Sha.
    El desarrollo de un tema en forma de continua traslación de lo singular a lo general; de la demolición del Templo a cómo se vive bajo un Estado dictatorial.
    Todo es narrado desde un punto de vista particular, una perspectiva que puede llegar a tener el lector, el ciudadano común. Nada se narra desde puntos de vistas abstractos e inalcanzables como puede ser los sectores del poder (así lo hacen la mayoría de los artículos periodísticos). Así describe, por ejemplo, a partir de una niña jugando en la calle, la condición de pobreza que azota al régimen:
    “¿Cómo te llamás?
    Tania
    ¿Cuántos años tienes?
    Dentro de dos meses cumpliré 10.
    ¿Y qué haces ahora?
    ¿Ahora? ¿En este momento? Estoy Jugando.
    ¿Y a qué juegas?
    A saltar por encima de los charcos.
    ¿Y no tienes miedo de caer bajo las ruedas de un coche?
    ¡Pero si por aquí no podrá pasar ningún coche.
    (..) Lo mismo sucede con los saltos por encima de los charcos. Hay que saltar de un modo certero y exacto para no caer en el agua y no mojarse los zapatos, pues ¿de dónde sacaría otro par?” (p. 198)
    ETNOGRAFO VS. CORRESPONSAL
    Kapu se diferenció siempre de sus colegas por estar siempre en el lugar indicado en el momento en el pasaban las cosas importantes, y no horas o días después. Eso lo conseguía porque vivía como uno más en la comunidad que describía. Tenía sus amigos e interactuaba con ellos, para así poder entender los comportamientos que definían su esencia.
    “En el Imperio, a la hora de entablar contacto con la gente, el primer paso consiste en determinar la nacionalidad de cada cual. Pues mucho dependerá de ello. (…) Pero existe un importante porcentaje de ciudadanos de este país que tienen serias dificultades a la hora de autodentificarse… no se sienten parte de ninguna nación (…) Este es precisamente el Homo Sovieticus, definido así no por su manera de pensar o por su actitud hacia el mundo, sino por que su único indicador social era la pertenencia al Estado soviético. Después de la caída del país, estas personas buscan hoy una nueva identidad.” (p.148)

    EL Símbolo COMO TRASFONDO
    Una capacidad de abstracción necesaria para explicar los complejos problemas que atañen al ser humano (como puede ser la Guerra Fría) con algo tangible, sensible por todo (un mapa).
    “En el mundo se imprimen dos mapas del globo terrestre. Uno es el distribuido por The National Gegraphic (EE.UU.), y en él, en medio, en el lugar central se ve el continente americano rodeado por dos océanos: El Atlántico y el Pacífico. La antigua Unión Soviética aparece cortada en dos y colocada discretamente en los extremos del mapa para que no asuste con su inmensidad a los niños americanos. Es del todo diferente el mapa que imprime el Instituto Geográfico de Moscú. En él, en medio, en el lugar central, está situada la antigua Unión Soviética, que aparece tan enorme que nos aplasta con su grandeza, y América esta cortada en dos y colocada discretamente en los extremos del mapa, para que el niño ruso no pensara para sí: ¡Santo cielo! ¡Qué grande es América!
    De esta manera dos mapas forman, desde hace generaciones, dos visiones diferente del mundo.” (p. 198)
    FUENTES NO OFICIALES, EN LO MÁS BAJO DE LA PIRÁMIDE
    Kapu, por sus técnicas etnográficas, tenía la habilidad de llegar a la información crítica por medio de fuentes no oficiales, que no ocupaban ninguna jerarquía en la sociedad. Es más, mientras menos importante mejor.
    De esta manera, no sólo lograba teñir sus relatos de historias reales de vida, sino también, evitar lo que Santoro denomina como Viudas Negras. Es decir, evitar a los despechados del poder, informaciones interesadas, segundas intenciones; así garantizando la calidad informativa de sus crónicas.
    Por ejemplo, en la voz de una vecina abuela de la ciudad de Yakutz, podemos llegar a un testimonio, tan real como impactante, sobre las condiciones y expectativas de vida en ese lugar:
    “¿Cómo va la vida? (…)
    La abuela se erigió, apoyó las manos sobre el palo de escoba, me miró, sonrió incluso y dijo una cosa que es el meollo mismo de la filosofía rusa de la vida: ¿Qué cómo me va la vida?, repitió pensativa y añadió con una voz que denotaba orgullo y determinación, sufrimiento y alegría: ¡Respiramos!”. (p.202)

  6. Linet Peruzzo Scussel

    CRISTO CON UN FÚSIL AL HOMBRO

    En su libro escrito allá por el año ´74 Kapuscinski recrea las escenas más reales de los años ´60 para explicar como en definitiva la guerra ocurre en varios lados y de tantas maneras distintas.
    Su estilo vívido demuestra que ha presenciado todo lo que cuenta . Utiliza frases cortas, concisas y sobre todo emplea un estilo de periodista para describir que genera intriga y relata de forma ordenada para aquellos que no se sitúan tan fácilmente en lo que cuenta.
    Su relato enumera muchas experiencias de diferentes lugares pero que ocurren en la misma época. Todos se centran en dignificar lo que ocurre en un mundo que muchos no contemplaban por estar lejos o simplemente por no haber participado. “El soldado no puede estar solo, no aguantará si se siente como un condenado, si sabe que, entre sus hermanos, uno está en un café jugando al dominó… El tiene que sentir que todo lo que hace es necesario para alguien” . Cuando Kapuscinski hace referencia a este concepto se refiere a la guerra por los Altos del Golán. Uno de los primeros conflictos que trata: Medio Oriente e Israel. Pero su observación no es muy diferente de lo que sigue ocurriendo hoy en día. Hace muy poco en la última nota que realizó el diario El País de Madrid, los principales líderes norteamericanos justificaban su defensa excesiva de participar en guerras en Medios Oriente porque consideraban que el patriotismo era la fuente principal de su defensa . Los propios medios admitían desentenderse de cierta objetividad cuando en los asuntos de esas guerras se trataba sólo de demostrar que estaban con su país. Así es pues como se maneja una guerra: hay que justificar lo que se hace pues hay muchos luchando por ello. Y esos muchos necesitan saber que sus vidas corren riesgos porque alguien los necesita. Alguien de los suyos: sus hermanos. Hace un tiempo, Arafat le dijo a Simón Peres, presidente de Israel, en una reunión que si el mundo árabe los apoyará como el judío los apoya a ellos-los israelíes- todo sería distinto. Justamente, en las entrevistas y experiencias de Kapuscinski se confirma esto. Siria lucha por un territorio porque en realidad sigue soñando con la idea de una “Gran Siria” que ocupe los territorios palestinos pero así también territorio libanés, iraquí y jordano. Jordania también buscaba mostrar su lado de solidaridad cuando su verdadero propósito era anexar esos territorios a su propio espacio . Es decir, que los israelíes no son más fuertes, simplemente cuentan con el apoyo entre ellos mismos que los hace más fuertes.
    Todos los relatos que cuenta el autor entreveran un objetivo común: demuestran la convicción de estos países o estados (Palestina, Israel, Mozambique, Guatemala, Chile, Bolivia, etc.) en defender lo que creen que es suyo: su libertad y espacio propio. “La diferencia radica en otra cosa: en la actitud ante la guerra, en la aplicación de estrategias militares distintas” , y así el propio Kapuscinski define lo que entre ellas hay distinto.
    Israel y Palestina son el primer caso. Ambos debaten tierras que creen que les pertenecen. Mientras que el legado de Israel es defender que le corresponden por jurisdicción divina, Palestina reclama que ellos pertenecen ahí desde mucho antes y que la tierra les pertenece porque ellos la trabajaron con sus manos. En esta zona de conflictos las balas no parecen cesar. La lucha esta próxima a todos y la defensa de territorios hace que casi los distancien pocos centímetros. Además, los soldados se identifican por el polvo de sus botas. Los que están en plena batalla las cubren de color gris y los que están alejados pareciera que las hubieran pasado por agua. Los fedayines y los combatientes israelíes.
    En América Latina la cosa cambia. La lucha se da por otro motivo: la tierra está, lo que se busca es la libertad. “..Todas las cosas por las que luchábamos están escritas en la orden número uno. Nos fijamos como objetivos: la victoria de la revolución, la formación de un gobierno popular y la nacionalización de todos los recursos, que deberían pertenecer al pueblo…” Ahora los que participan en la defensa de estos objetivos o mismo de la recuperación de tierras son una cosa: fieles. Fieles a lo que defienden, fieles a lo que piensan, fieles a sus ideas. En uno de los capítulos esto se ejemplifica. El autor responde a las diferencias que existen entre dos personajes muy distintos pero a su vez tan parecidos. El “Che” Guevara y Salvador Allende. Las diferencias son obvias: uno buscaba su propósito por medios pacíficos y el otro no. Y justamente ahí yace lo que comparten: ambos aman al pueblo y tienen como principio moral a la honestidad moral. Para Allende eso significa respetar la constitución y por eso jamás convocó a la lucha para que no se generará una guerra civil. Y Guevara a su vez encontró esta simbolización en todo lo contrario: la lucha armada. Ahora hasta él proclamaba como primer mandamiento que ninguno de los revolucionarios debía ensañarse con un adversario desarmado.
    “En Europa la gente muere durante una guerra, la muerte se lleva entonces una temporada, Aquí, entre nosotros, ha tomado otra forma y aunque también se lleva millones, esta fundida en la cotidianidad, nos hemos acostumbrado tanto que ni reparamos en ella porque nos acompaña siempre y a todas partes..” La lucha no es sólo armada, es política también. Y se da en todos lados: en las universidades, en las calles, en plena ciudad y a la luz del día.
    En conclusión son demasiadas historias las que nos cuenta el libro y demasiados detalles para abordar en un escrito que necesitaría de mayor extensión y profundidad. Pero creo que podemos rescatar que el punto primordial se encuentra en que las guerras que ocurren, siendo en lugares cercanos o no, reclutan a los que creen en la causa. Los que defienden sus ideales y que son capaces de llegar a la muerte antes de abandonarla porque en ella encuentran la lógica de sus acciones. “ Tanto una como otra sus muertes son un lance de honor, un desafío” . Es innegable que lo que este libro busca es acercarnos a una realidad que nos demuestra que no importa el territorio, sea la selva, el desierto o la ciudad, sino que lo importante para ellos es “seguir hasta el final” . Algunos soldados con insignias que los identifican en la lucha, otros luchando por las insignias que los identifican en su vida y otros luchando por el respeto de sus insignias.

  7. Marcos Coll Areco

    Encuentro con el Otro
    (para quien el Otro soy yo y él no es Otro, sino él mismo)

    Guerra. Aislamiento. Cooperación. Entrar en relación es algo inherente a la esencia del ser humano. Es cualidad indispensable para definir al Hombre. La forma de “encontrarse” puede ser de distintas maneras (no por cualquier motivo empiezo con esas tres palabras, que incluso son más que términos aislados para el autor, pues se apoya en ellos para explicar de qué manera entran en contacto [o no] las distintas culturas).

    El encuentro con el Otro, se dedica al choque entre dos seres y de cómo fue evolucionando con el paso del tiempo. Critica la guerra y el aislamiento.

    El hombre que entra en guerra no ha querido entenderse con el Otro

    El autor entra en reflexiones abstractas y engorrosas sobre el tema, pero no sin antes “bajar a tierra” la idea principal. Es importante no olvidar que Kapuscinski es corresponsal y cuando habla de encontrarse con Otro, literalmente se refiere a eso: a entrar en contacto con una persona que tiene un estilo de vida diferente al de uno. Es por eso que menciona, luego de aludir a Levinás y su idea de encuentro con el Otro como acontecimiento fundamental, a Bronislaw Malinowski: un antropólogo que durante gran parte de la primera mitad del siglo XX viajó por varias islas del Pacífico, conociendo e investigando a distintas tribus. Este logra mostrar el tema del libro, explicando que el encuentro se trata concretamente de entrar en contacto con una persona de carne y hueso con una raza, una cultura, una fe y un sistema de valores diferente.

    *Podemos relacionar este tema con la teoría del horizonte del filósofo alemán Martin Heidegger, que consiste en la idea de que uno entra en contacto con el otro y tiene formas de identificar al otro como un Ser similar a uno mismo y que además es capaz de afectarnos en la misma magnitud en que nosotros podemos afectar al prójimo.

    Kapuscinski comienza hablando de tribus, hasta llegar a basar el tema en la sociedad planetaria a la que se llegó en la actualidad debido al avance en el transporte y en las telecomunicaciones. Antes las culturas eran claramente identificables y delimitadas (algunas siguen manteniéndose más que otras), pero ahora las diferentes culturas han confluido unas con otras, dando paso a nuevas civilizaciones. El desafío para el periodista es poder conocer a este Nuevo Otro.

    ¿Cómo que “nuevo”? Para que haya un “nuevo” tiene que haber uno Otro anterior… ¿Quién era? Para ubicarnos un poco, el autor lo que hace es centrarse en el europeo blanco. Entonces ese Otro era, en un principio, todo el que no cumplía con esas dos cualidades. La idea esta obviamente fue cambiando, con el descubrimiento de nuevos territorios y las nuevas maneras de considerar al Otro, y es por eso que Kapu, plantea la idea de conocer al Nuevo Otro.

    Recuerdo nuevamente que no podemos olvidar que el autor del libro es periodista y no puede evitar hacer mención a un aspecto práctico de su labor. Él aclara que se centra en el tipo de género denominado reportaje literario. Y para tratar de seguir demostrando que no es un periodista más, inmediatamente lo relaciona con el eje central de la obra. ¿De qué manera? Y… lo que hace es asegurar que dicha pieza no es posible realizarla sin la ayuda de los Otros, pues son los mismos contactos, los contactos de contactos, e incluso colaboran como anfitriones y “salva-vidas”. Lo que hace es como cuando alguien famoso recibe un premio y dice con supuesta sinceridad:

    “todo esto no hubiera sido posible sin la ayuda de…”

    Kapuscinski no logra aguantarse hasta el cierre del libro y rompe con la típica convención de que la moraleja, la enseñanza va al final. Les transmite a sus lectores la importancia de viajar, de emprender un camino, de no ser sedentarios ni xenófobos. Hay que ser curioso por conocer el mundo y conocer al Otro. Mezcla estas dos necesidades porque al Otro se lo conoce tanto por quién es esencialmente, pero también con todo su bagaje (cultura, creencias, raza, ideas), lo que nos ayuda a terminar de comprenderlo. Sostiene con firmeza la importancia del contexto, de las circunstancias, de la situación. Esto es así por su forma de conocer que es cercana, no como algunos que investigan ocultos o como si estuvieran en un laboratorio.

    El periodista busca entender al sujeto investigado viviendo sus mismas vivencias, compartiendo su Mundo de la Vida (noción introducida Husserl, otro filósofo alemán, que se centra en el ejecutar diario de cada día). No es posible, sostiene el autor, conocer a alguien sin vivir con él. Además uno mismo no logra conocerse del todo a sí mismo si no conoce al Otro.

    Kapuscinski, focalizando nuevamente desde el europeo alemán, intenta hacer una estructuración histórica de la relación de los protagonistas (siempre lo fueron, al menos hasta que se independizó Estados Unidos) con los Otros. Distingue cuatro grandes etapas:

    • Hasta el siglo XV, caracterizada por el envío de mercaderes y embajadores por el territorio por parte de los soberanos con distintos fines
    • El “descubrimiento” de América y Asia, caracterizado por los saqueos, las masacres, las invasiones.
    • Una tercera etapa en la que comienzan a darse los primeros pasos hacia la comprensión del Otro, con la Ilustración y el Humanismo.
    • Etapa que llega hasta hoy, en la que existen personas exclusivamente dedicadas a conocer al prójimo en un mundo multicultural.

    Acá se puede demostrar que las palabras utilizadas en un principio tienen fundamento y no son introducidas por el autor buscando pontificar, sino que la misma historia demuestra que el Hombre eligió relacionarse de distintas maneras.

    A lo que busca llegar Kapuscinski, es a que, a medida que fue pasando el tiempo, el europeo fue dejando de ser el “Yo”, ya no es el único importante de la película. Esto por distintos motivos:

    El poderío colonial se fue debilitando, lo que dio lugar al surgimiento de nuevas culturas (obviamente influenciadas por los restos que dejó la cultura dominante). Además, el Otro no se considera Otro, sino que se considera como el personaje principal de su historia (esto puede llegar a hacer un poco más comprensible el título que elegí). Quien vive en otro lugar del mundo no se siente supeditado a lo que hace el europeo blanco. Incluso a veces ni siquiera le interesa qué hace dicha cultura y puede seguir llevando a cabo su vida cotidiana sin ningún tipo de limitaciones.

    Kapuscinski cierra su obra meta-perioviajerantropológica haciendo énfasis en conocer al otro para conocernos a nosotros mismos. Incluso habla de no tener prejuicios, de tener la capacidad de librarnos de ellos a la hora de “chocar” con otra cultura.

  8. Pilar Ronchino

    Viajes con Heródoto es el último libro de Ryszard Kapuscinski. En él, el periodista polaco narra la serie de viajes que emprendió por India, China, Egipto y otros países de África cuando era joven, en calidad de corresponsal del diario en que trabajaba. En esa travesía tuvo como constante compañero a un libro: Historia, de Heródoto, el autor griego de la Antiguedad considerado como el primer historiador, y también el primer periodista. En Viajes con Heródoto Kapuscinki rinde homenaje a éste, su maestro, quien le enseñó mucho acerca del oficio periodístico.

    Corría el año 1950 y un Kapuscinski joven, periodista en un diario polaco, vivía obsesionado con “cruzar la frontera”, así, en abstracto, quería “pisar esa raya imaginaria”. Ambicionaba salir de su país y ver el mundo. Su jefa de redacción, Irena Tarlowska, le concedió su deseo: le comunicó que lo enviaba a la India como corresponsal. Pero no sin antes hacerle un regalo que lo marcaría profundamente: un libro, Historia, de Heródoto, que acompañó al joven reportero en su primera asignación en el extranjero, y en todas las que siguieron después.

    India, China, Egipto, Sudán, Argelia, el Congo…Kapuscinski recorrió todos esos países y otros más, y poco a poco fue tomando contacto con otras realidades y culturas. Estuvo en China y vivió el experimento de las cien flores de Mao, presenció la caída de Ben Bella del poder de Argelia, fue testigo de la cruenta guerra civil que asoló al Congo. Pero en Viajes con Heródoto, todos estos hechos son más bien anecdóticos. Sirven como telón de fondo para una cuestión más profunda. Kapuscinski no incurre en detalles de aquello acerca de lo que tuvo que escribir como corresponsal, sino que se centra en sí mismo, en sus impresiones de los países que visitó y la gente con la que conversó. El núcleo del libro es cómo él, Ryszard Kapuscinski, vivió esos viajes, lo que significó para él viajar, el viaje mismo como experiencia de vida, el contacto con otras culturas. Más que una crónica de viajes, es una crónica acerca de lo que significa viajar.

    El otro gran protagonista de Viajes con Heródoto es, precisamente, Heródoto. En el libro se intercalan las experiencias de Kapuscinski con numerosos fragmentos de Historia del griego. Y de aquella obra concebida hace más de 2500 años, las partes que más le interesan al periodista son aquellas que narran la disputa entre Oriente (el imperio Persa de entonces) y Occiente (la antigua Grecia). La ambición del emperador persa Darío, su intento de conquistar al pueblo escita, la guerra entre persas y griegos, la famosa batalla de las Termópilas, los amoríos del emperador Jerjes… todos estos y muchos más sucesos aparecen en Viajes con Heródoto, transcriptos de la Historia de ese autor.
    No sólo le interesaron los hechos históricos narrados por el griego, sino que Kapuscinski demuestra a lo largo del libro una fuerte fascinación por la persona de Heródoto y por su método de investigación. ¿Quién fue? ¿de dónde surgió su pasión por saberlo todo? ¿cómo pudo recolectar toda la información que recolectó, habiendo vivido en una época en la que ni siquiera se sabía cuáles eran la extensión ni los límites del mundo? ¿cómo pudo verificar la información que recogía en sus viajes? Kapuscinski le recuerda al lector que Heródoto recorrió el mundo y escribió su Historia hace más de 2500 años, y que para ese emprendimiento monumental tuvo que haber dedicado su vida entera.

    “A juzgar por la manera de ver y describir la gente y el mundo”, aventura Kapuscinsky, “Heródoto debió ser un hombre benévolo y comprensivo, cordial y abierto, un amigo para todo. No hay en él rabia ni odio. Intenta comprenderlo todo, averiguar por qué alguien ha actuado de esta y no de otra manera. No culpa al ser humano, sino al sistema. Malo, depravado y abyecto por naturaleza no es el individuo, sino el sistema que le ha tocado vivir. Por eso es un ardiente defensor de la libertad”. Conclusiones como ésta ilustran cuánto admira el periodista polaco a ese autor. Para Heródoto, lo fundamental era el encuentro con el otro y el concepto de “otredad”, el hecho de que sólo podemos definir a nuestra cultura y a nosotros mismos porque hay otros de los que nos diferenciamos. Somos sólo en relación a otros. Y esto era tan cierto hace dos mil años, cuando persas y griegos se disputaban el mundo conocido, como lo es en la actualidad.

    Kapuscinski viajó siempre en compañía del libro del historiador griego, que se convirtió en su confidente y, en cierto modo, en su maestro de algunas reglas periodísticas. La necesidad de la curiosidad constante, la vocación de conocer al otro y de intentar comprenderlo, el impulso por descubrir la verdad, el contraste de fuentes y testimonios: Kapuscinski extrajo muchas enseñanzas de Heródoto, en quien reconoció a un colega y a una mente de esencial vocación periodística como la suya. Hablar con todos, contrastar la información, ser conciso y construir una historia interesante, “que contenga algo picante, algo que cause sensación, un suspense” también son cualidades del buen periodista que tenía Heródoto y que Kapuscinski resalta a lo largo de su libro (el periodista destaca que el griego empezó su gran historia del mundo narrando el rapto de mujeres, un dato menor pero atrapante, para atraer la atención del público)

    Kapuscinski hace una apología del viaje, tanto espacial como temporal, como una cura contra el “provincialismo”. Argumenta que es tan necesario salir al mundo y verlo por uno mismo como lo es recordar la historia, el pasado. “El hombre contemporáneo no se preocupa de su memoria individual porque vive rodeado de memoria almacenada”, afirma Kapuscinski. “En el mundo de Heródoto, el individuo es prácticamente el único depositario de la memoria. De manera que para llegar a aquello que ha sido recordado hay que ir hacia él; y si vive lejos de nuestra morada, tenemos que ir a buscarlo, emprender el viaje, y cuando ya lo encontremos, sentarnos junto a él y escuchar lo que nos quiera decir. Escuchar, recordar y tal vez apuntar. Así es como (…) nace el reportaje”.

    “¿Cómo Heródoto”, se pregunta Kapuscinski, “un griego, podía saber lo que decían gentes de países remotos, persas, fenicios (…)? Pues viajando, preguntando, observando y sacando conclusiones de lo que le contaban y de lo que él mismo había visto; así atesoró sus conocimientos. De manera que siempre empezaba por un viaje. ¿Y no hacen lo mismo todos los reporteros? ¿Acaso ponernos en camino no es lo primero que se nos viene a la mente? El camino es la fuente, el tesoro, la riqueza.” Para Kapuscinski, el viajar representó un modo de ir al encuentro del otro. Y él viajó por varios países, pero también en el tiempo: como él mismo describía, cada vez que abría Historia se sumergía en otro mundo. Viajes con Heródoto incita al lector a dialogar con otras realidades. Para todo aquel al que le interesen la historia y los viajes de toda índole, es una lectura imperdible.

  9. Julián Duarte

    El Imperio, publicado por primera vez en 1993, es un híbrido de relato de viajes y de reportajes que realizo Ryszard Kapuściński sobre el basto y extenso territorio de la Union Soviética. Como bien dice el titulo del libro, el imperio alude al antiguo de los zares.

    Leer el imperio, leer a kapusinsky, es ver a través de los ojos él, es mudarse donde estuvo, conocer la realidad que tal cual él la vivió. Cabe resaltar la facilidad que tiene el autor para recrear cada clima experimentado, describir intensamente cada situación.

    El Imperio no es un libro de historia, y, sin embargo, aporta los elementos para interpretar un pasado y encontrar explicaciones. El estilo es sumamente claro y ameno, apoyándose en citas y relatos de testigos presenciales pero de forma ágil, sin entorpecer una lectura que fluye sin esfuerzo, pero sin descuidar un nivel intelectual exigente.

    El imperio Soviético, en el más clásico de sus sentidos y que, salvada la temporalidad, sería equiparable al formado por Roma o el Griego, que tras expandirse con la apropiación de territorios mantenía un férreo y tiránico control central. Y por supuesto, con las mismas dificultades: administrar vastísimos territorios, apropiarse de materias primas, reprimir los ánimos independentistas, atender a las necesidades locales y, lo más complicado, controlarlo todo.

    Lo complejo del imperio pasaba por la diversidad de la población que puede tener cabida en un amplísimo territorio y lo aniquilante que resulta un centralismo empeñado en la homogenización. Fundamentalmente lo que implica en términos de sometimiento para los grupos minoritarios ser parte de un territorio “normalizado”, pero sin compartir origen, costumbres, cultura, religión, oportunidades o aspiraciones similares.

    El proceso de rusificacion no era una tarea simple. Así lo ejemplifica en un testimonio de una mujer: “me han hecho manos de hombre, me han hecho estalinista, pero jamás me hicieron comunista!”. Y Ryszard Kapuściński sentencia: “Los soviéticos empiezan a recordar ahora que no son ciudadanos de ninguna URSS, sino que son griegos, alemanes, judíos, hindúes, etc. y quieren regresar a la tierra de sus antepasados. ¿Quieren marcharse dejando el patrimonio de toda la vida? ¿Que patrimonio? En este país jamás nadie ha conseguido nada. A menos que se trate de unos cuantos años de destierro, un rincón oscuro en un piso que compartes varias familias o una pensión equivalente a tres dólares al mes.”

    Asimismo, este dilema lo refleja a la perfección en uno de los pasajes mas cautivadores del libro en que el autor, bajo disfraz de piloto de avión comercial y en complicidad con una diputada Armenia del Soviet Supremo, viaja a Nagorny Karabaj, constante motivo de disputas entre Azerbaiyán y Armenia. En un imperio fuerte, centralizado, autoritario, que lo controlaba todo y lo que no podía lo efectuaba interviniendo por medio del ejército o la KGB, el autor muestra asombrado como en Nagorny Karabaj esto no ocurría. Las calles de esta ciudad escondida en las montañas eran compartidas por hombres barbudos armados que representaban a destacamentos del autónomo ejército independista de Armenia y no al ejército Rojo ni a la KGB. Lo que más lo conmovía al autor era como los armenios sobrevivían en ese sitio por cientos de años, conservando su idioma y religión cristiana, rodeados de azeries chiítas.

    Es interesante la opinión que da Ryszard Kapuściński sobre apreciaciones que observaba en el mundo durante el siglo XX.
    “Al mundo lo amenazan tres plagas:
    La primera es la plaga del nacionalismo.
    La segunda es la plaga del racismo.
    Y la tercera es la plaga del fundamentalismo religioso.
    Las tres tienen un mismo rasgo, un denominador común. La irracionalidad, una irracionalidad agresiva, todopoderosa, total. No hay manera de llegar a una cabeza tocada por una de estas plagas. En una cabeza así arde constantemente una santa pira en espera de víctimas. Todo intento de entablar una conversación serena está condenado al fracaso. Aquí no se trata de una conversación sino de una declaración. Que asientas a lo que él te dice, que le concedas la razón, que firmes tu adhesión existen personas, existe la causa. Una mente tocada por semejante peste es una mente cerrada, unidimensional, monotemática y solo gira en torno de un único tema: el enemigo. Pensar en el enemigo nos alimenta, nos permite existir”.

    Lo espléndido del libro es que no se trata de una reseña monótona de aquello que se pretende documentar, sino que incluye los apetecibles relatos de personajes encontrados durante sus periplos, así como las reflexiones e historias construidas a partir de los sitios visitados, las sensaciones provocadas por el medio que le rodea a cada paso y el contacto con la cotidianidad de las personas que han tenido en suerte —buena o mala— poblar una sorprendente geografía.

    Durante su paso por Ucrania destaca la división de dos Ucranias. Una, la occidental, que conserva un mayor patriotismo basado en el campesinado; y otra la oriental que no se identifica tanto con ese patriotismo sino que conserva su fidelidad a la Unión Soviética.

    Además cuenta como es que la URSS prohíbe la publicación de libros escritos en ucraniano para lograr un proceso de rusificacion acelerado, y lo imprescindible que era Ucrania para el imperio por su principal aportante de materia prima en cuanto alimentos. La virulenta ley de protección de bienes impulsada por Stalin que a grandes rasgos afirmaba que quien se robase una sola zanahoria, una remolacha, seria condenado a prisión o muerte. Para la aplicación y control de que esto no suceda, existían torres de vigilancias en los latifundios.

    En el periplo a la región del Turquestan, mas precisamente la zona de Aral. Para destacar: la explotación ilimitada del mar Aral y los ríos aledaños para expandir la zona productiva de algodón causando su posterior sequía, transformando el paisaje en un desierto. Y la explotación de las personas para la cosecha de algodón, obligando a toda la sociedad a dedicarse a ella, a pesar de ser poco redituable.

    En otro llamativo pasaje, reflexiona Kapuscinski acerca de cómo ha asistido al proceso de la perestroika y la caída de la URSS: a través de dos pantallas, la de la televisión –que mostraba el teatro de la gran política- y la de la vida cotidiana –que le rodeaba por doquier en sus viajes-. El contraste lo lleva a percibir una suerte de contrapunto disonante entre el mundo cotidiano y el de los acontecimientos políticos. Mientras éstos siguen un ritmo vertiginoso, la rutina del hombre de la calle prosigue parsimoniosa y tan sufrida como siempre.
    Por último y no por ello menor, quiero destacar como Kapuściński analiza el rol de los medios y la información durante el colapso del imperio. Cito un comentario del autor hecho con ironía pero con un trasfondo triste pero real: “desde el punto de vista de la información, incluso los adultos eran niños, cuando ahora incluso los niños son adultos.”

    Según Kapuściński, la televisión contribuiría a desacralizar el mundo de la política, ya que la verdadera revolución en Rusia se basaba en una única constante histórica, que ha sido la mitificación de un poder absoluto y distante del hombre común.

    Asimismo, agrega que “el papel de la televisión en la política, cada vez mas relevantes y primordial, ha hecho que golpistas de todo pelaje cambiasen el objetivo de sus ataques en el mundo entero: antes asediaban palacios presidenciales y sedes de gobiernos y parlamentos, mientras que ahora en primer lugar intentan hacerse con el control de la emisora de televisión”, donde según el autor alberga el poder real. Sin ir al extremo del golpe de estado, sino desde la óptica de una democracia sólida y trasladándolo a lo que sucede hoy en DIA en Argentina, ¿Dónde buscan el poder los políticos primordialmente?

    Agrego una yapa, un texto del escritor ruso Yuri Bórev, que Kapuscinski recoge al final de su libro, en el que se compara la historia de la Unión Soviética con un tren en marcha. Dice así: “El tren se dirige hacia un futuro luminoso. Lo conduce Lenin. De pronto: ¡stop! se han acabado las vías. Lenin apela a la gente pidiendo que trabaje horas extras los sábados; se colocan más vías y el tren puede continuar viaje. Después se pone a conducirlo Stalin. Y también se acaban las vías. Stalin manda fusilar a la mitad de los revisores y de los pasajeros, y obliga a los demás a colocar vías nuevas. El tren se pone en marcha. Jruschov sustituye a Stalin, y cuando se acaban las vías ordena desmontar las que el tren ha dejado atrás y colocarlas delante de la locomotora. Jruschov es sustituido por Brézhnev. Cuando vuelven a acabarse las vías, Brézhnev dispone que se corran las cortinas de las ventanillas y que se balanceen los vagones de tal manera que los pasajeros crean que el tren continúa en marcha. Y así llegamos a la Época de los Tres Entierros (de Brézhnev, de Andrópov y de Chernenko) en la que los pasajeros ni siquiera tienen ya la ilusión de que van a alguna parte. Pero hete aquí que en abril de 1985 el tren vuelve a arrancar. Éste, sin embargo, será su último viaje. Durará seis años y medio. En esta ocasión el maquinista se llama Gorbachov y la locomotora lleva pintados dos lemas “Glásnost” y “Perestroika”. AMÉN

  10. EL IMPERIO
    Ryszard Kapuscinski

    Un nombre describe, señala, limita. Las cosas reciben su nombre por razones. Quien las nombra no lo hace en vano. Y no en vano decidió Ryszard Kapuscinski nombrar a su libro como lo hizo, y llamar a la Unión Soviética “El Imperio”.

    Se pueden reconocer dos actitudes antagónicas ante el desplazamiento en el espacio: la actitud del turista y la del viajero. El turista es un hombre que hace un viaje superficial. Recorre un destino con una guía en la mano, descubriendo aquello que tantas veces fue descubierto, mirándolo como miles ya lo miraron. El viajero, por otro lado, va a donde no lo invitan. Él busca vivir aventuras, conocer lo más profundo de cada ciudad, lo oculto, lo propio, la identidad. Y se entrega al gozo efímero del viaje.

    Un autor que leí una vez sostenía que para escribir hay que salir a vivir aventuras. Viajar como lo hace un viajero. ¿Qué puede escribir quien se encuentra encerrado entre cuatro paredes? La imaginación se alimenta de la experiencia. La curiosidad periodística de Ryszard Kapuscinski lo empuja a recorrer, buscar, conocer, preguntar. O es quizás su espíritu de escritor aventurero lo que lo lleva a meterse en las culturas, en las cabezas y en los corazones. Conocer lo desconocido. Vivirlo. Acá nos enfrentamos a dos conceptos que fusionados crean una sinergia: la literatura y el periodismo. Este libro es fruto del romance entre estos dos. En él, periodismo y literatura son uno.

    En “El Imperio” conviven muchas voces. Distintos protagonistas, distintos testigos. La voz del autor, que nace como una voz de un niño y se transforma en la de un hombre, nos guía por distintos tiempos y espacios. Conocemos así historias y personas. Verdades, denuncias, relatos.

    El primer encuentro

    “Los gritos, el llanto, los fusiles y las bayonetas…todo eso está allí, en aquel mundo en que entro cuando tengo siete años”.

    El mundo que primero nos describe el autor es uno regido por la ira y el terror. Su primer encuentro con la Unión Soviética se da con la invasión a Polonia, su país natal. La mirada que nos presenta es la de un niño. Una mirada inocente, asustada e inconsciente.

    La Unión Soviética avanza y conquista sembrando el terror. Así todo, incluso la educación, se tiñe de rojo. Comunismo, Lenin y Stalin. Insignias de los líderes que los niños intercambian como figuritas. Un abecedario que comienza con la S. Un solo libro: Stalin: Voprosy Leninisma. Las madres que no duermen. Las familias que desaparecen de noche. Los vagones repletos de hombres apretados que parten de la estación. Los soldados.

    Nos convertimos en silenciosos testigos de la corrupción de una generación que crece en el odio, el miedo, la represión, el terror y la pobreza. Los niños todavía lo veían como un juego. Temen lo que no comprender, y aprenden a vivir sin nada que perder. Una larga fila de niños se forma en la puerta de una caramelería. Toda una noche de nieve y frío esperan para comprar los dulces que les habían prometido. Hacía meses que los almacenes habían cerrado, sin comida para ofrecer. Apenas se sobrevivía con lo que se podía cosechar. La desilusión de las latas vacías de la caramelería rápidamente fue reemplazada por una excitación generalizada: las latas tenían migas y restos de caramelos en los bordes. Los pobres niños corrieron a sus casas a pedir a sus madres que hiervan agua en las latas. Esa noche beberían agua dulce.

    El segundo encuentro

    Un Kapuscinski más adulto mira desde la ventana del tren todo lo que toca la ruta del Transiberiano. Alambres, perros y soldados resultan innecesarios: el paisaje es una cárcel. Ellos sirven sólo de advertencia. En Siberia todo es llanura e inmovilidad.

    “En espacios inmensos y monótonos la medida del tiempo se diluye, deja de regir, deja de tener significado. Las horas pierden la forma, se vuelven deslavazadas, lacias, como los relojes en los cuadros de Dalí”.

    Siberia es la muerte segura. El peregrinaje del deportado a Siberia no es solamente un viaje. Es algo más. Es una humillación, es un contacto con la muerte. Te despoja de todo lo humano.

    “Hay en este paisaje siberiano de enero algo que inmoviliza, que paraliza y oprime. Y ese algo es, sobre todo, su inmensidad, su inconmensurabilidad, su oceánica infinitud. Aquí la tierra, el mundo, no tiene fin. El hombre no está hecho para tamaña desmesura”.

    Entrar en Siberia es hundirse en la nada, ir desapareciendo. El blanco es el color de la resignación ante el destino. Toda la inmensidad es un límite: la muerte.

    “Y el blanco, un blanco omnipresente, cegador, misterioso, absoluto. Un blanco que cautiva, pero si alguien deja que lo seduzca, si, queriendo adentrarse en él, cae en su trampa, morirá. El blanco destruirá a todo aquel que intente acercársele, que trate de descubrir su secreto”.

    El tercer encuentro

    “La ruta de mi nueva incursión pasaba por siete repúblicas del sur de la antigua URSS: Georgia, Armenia, Azerbaiyán, Turkmenia, Tayikistán, Kirguizia y Uzbekistán…Tal como la veíamos y nos la imaginábamos desde afuera, la URSS aparecía como un bloque uniforme y monolítico donde todo era igual de gris y oscuro…¿Y qué fue lo que más me llamó la atención? Pues que ha pesar del rígido y cuartelero corsé del poder soviético, los pueblos de allí, pequeños pero muy antiguos, habían logrado conservar algo de sus tradiciones, de su historia, de su orgullo y dignidad que se veían obligados a ocultar”.

    Como un pintor el autor logra retratar la riqueza de estos pueblos. Desnuda sus rincones ocultos, sus pasiones, sus secretos. Nos volvemos parte de una cultura llena de vueltas y aristas. Su gente, el arte, la comida y la religión. Los antepasados, la historia, el origen del mundo encerrado en los números 28 y 32. La presencia de Dios en la belleza, en el rostro de una mujer. El aroma de flores que cura. Una ciudad donde el té es vida, y el pez felicidad. Un abrazo amoroso de dos personas que se despiden para siempre.

  11. Tomás Mayorga

    En su obra El Sha o la desmesura del poder, Ryszard Kapuscinski logra una fantástica descripción y explicación literaria y periodística del porqué de la caída del monarca iraní, Mohammad Reza Pahlevi, quien gobernó de forma tiránica desde el 16 de septiembre de 1941 hasta la revolución del 11 de febrero de 1979. Otra gran obra de este autor polaco que hace referencia al totalitarismo es El Emperador (Haile Selassie de Etiopía), donde también describe la revolución de un pueblo reprimido.

    Los tres apartados del libro (Cartas, caras, campos de flores – Daguerrotipos – La llama muerta) comienzan con una breve carta de una petición de un niño dirigida a Dios. Estos pedidos son tan sencillos como profundos y sirven de contraste a la cruda realidad iraní que Kapuscinski describe a continuación en cada capítulo. De a poco va presentando nuevos ejemplos que se suman y potencian a los anteriores y ayudan a entender la situación que allí se vivía y el contexto en el que se interpretaban las diferentes realidades.

    Este trabajo está estrictamente ligado a su carrera como profesional, habiendo reportado guerras, golpes de estado y revoluciones en Asia, Europa y América. La revolución en Irán no fue la excepción. El autor utiliza notas, fotografías, cintas magnetofónicas y otros materiales para hacer entender a sus lectores las condiciones en las que vivía el pueblo, el control que mantenía el tirano a través de la Savak (Organización de Seguridad e Inteligencia Nacional de Irán desde 1957 a 1979) y los diferentes sentimientos de los sublevados ciudadanos. El discurso de Kapuscinski se va construyendo con anécdotas, conversaciones grabadas, datos curiosos e información pertinente e interesante que despierta fácilmente la curiosidad y el asombro.

    Los crudos relatos reflejan la durísima realidad por la que pasaban los iraníes durante la dictadura: “Recuerdo a un hombre que con un pitillo le quemaba los párpados a un hijo suyo. Una cara con los ojos hinchados y llenos de pus tiene un aspecto terrible. Aquel mismo hombre se untaba una mano con algún ungüento que se la ponía negra e hinchada. De esta manera pensaba causar lástima y conseguir que alguien les diera algo de comer.” Son historias y anécdotas verídicas que no entran fácilmente en la razón de una persona que nació y se educó en un país democrático. Por eso, la obra no es sólo un trabajo periodístico sino que también conlleva un grado sociológico.

    Otro punto en el que el autor hace hincapié y que respalda con información interesante es la mala utilización que hace el Sha de los recursos económicos. Derrochaba y malgastaba lo recaudado sin manejar información básica estructural como por ejemplo si los puertos del país estaban aptos para recibir descargas de grandes importaciones, si Irán contaba con almacenes para guardar la mercadería o hangares, camiones y técnicos y operarios que trabajasen con las nuevas tecnologías que se iban adquiriendo: “De momento el sha había hecho compras multimillonarias por el mundo y de todos los continentes habían salido rumbo a Irán barcos repletos de mercaderías. Pero cuando llegaron al Golfo, resultó que Irán no tenía puertos (lo que el sha desconocía)”. Tal despilfarro genera indignación hasta para quien ni siquiera tiene algo que ver con el país.

    Kapuscinski muestra, a través de la descripción de una fotografía, cómo el tirano se quedaba hasta con las donaciones extranjeras destinadas a la gente que moría de hambre en el país: “Ya en el año 1958 el senado norteamericano fue escenario de un escándalo cuando alguien descubrió que el dinero donado por América al Irán hambriento había vuelto a los Estados Unidos en forma de ingresos bancarios en las cuentas privadas del sha, sus familiares y personas de su confianza.” El autor lleva al lector a una reflexión casi inevitable: es indignante por donde se lo mire.

    Toda esta injusta y desequilibrada realidad económica en Irán permite al sha crear una nueva clase social que, según Kapuscinski, era desconocida hasta entonces por los historiadores y sociólogos. Se trataba de una clase que no creaba nada y que su única ocupación era consumir desenfrenadamente: “la petroburguesía”. Este análisis que hace el autor escapa a lo periodístico y se inserta en el ámbito sociológico, mostrando una clase dominante vividora y parasitaria.

    Otra de las características del gobierno de Reza Pahlevi que denuncia el autor es el desmesurado terror que se infunde en los ciudadanos iraníes a través de la Savak. De esa forma, se logra acallar las posibles críticas que pueda llegar a tener el régimen. ”La Savak censuraba la prensa, los libros y las películas (…) La Savak gobernaba en los centros de enseñanza, en las oficinas y en las fábricas. Era un enorme monstruo que lo envolvía todo en redes, se deslizaba hasta los rincones más recónditos, en todas partes pegaba sus ventosas, fisgaba, husmeaba, rascaba, barrenaba.”

    Kapuscinski describe el miedo que reina en las calles de Teherán. La gente vive insegura aún con sus seres queridos y de confianza. El miedo que infundió la Savak es tal, que la gente evitaba hablar siquiera de algo que pudiera ser interpretado como una ofensa o una posible crítica al régimen: “Sin querer los de la parada se miran con asco y odio. Son proclives a reacciones neuróticas y exageradas. Algo les molesta, algo les huele mal, se distancian (…) Esta mutua desconfianza es el resultado de la actividad de la Savak.” Desde este tipo de observaciones el autor va construyendo un relato donde se percibe el miedo y la inseguridad de los iraníes y ayuda a entender el porqué de la extraña forma de actuar de un pueblo excesivamente reprimido.

  12. Fernanda Díaz Bancalari

    El emperador – Ryszard Kapuscinski – Editorial anagrama (parte final)

    Ryszard Kapuscinski escribe El Emperador, que cuenta la historia de quien fue rey de Etiopía durante casi cincuenta años: Haile Selassie. El Rey de Reyes, estableció un gobierno absolutista, totalmente autoritario, sometiendo a sus colaboradores a las más estrictas normas, a realizar un culto a su persona. El “León de Judá” fue derrocado en el año 1974, año en el cual Kapuscinski viaja al lugar para dejar hablar a los protagonistas de esta historia: los etíopes que vivieron, o padecieron, al Emperador en primera persona.

    A través del testimonio de distintos entrevistados se puede ir construyendo la historia detallada del último año del reinado del Emperador. Colaboradores, funcionarios, súbditos del gobierno dan su testimonio al periodista polaco, que los deja expresarse sin interrupciones, que los hace participar de su obra prácticamente sin interrupciones. Apenas Kapuscinski interviene en esta parte final para tratar de dar sentido a las palabras de un pobre viejo, ex colaborador del Rey Selassie que no puede ordenar sus ideas del todo y para conectar algunos testimonios, los demás hablan por sí solos, no necesitan más explicaciones que las que ya dan. Con muchísimo respeto, el autor deja que sus fuentes escriban su obra.

    Ordenada cronológicamente, la historia del derrocamiento de quien era considerado el Elegido de Dios, el descendiente directo de Salomón y que era venerado por gran parte de la población nos hace entender cómo fue que un régimen que se sentía tan sólido, que parecía impenetrable quedó sin poder, dando paso a ciertos levantamientos revolucionarios que querían terminar con la situación, que querían hacer un cambio en el ritmo de vida de este país.

    “A.A.: Nadie, lo que se dice nadie amigo, presentía que se acercaba el fin. Aunque tal vez se detectara que algo flotaba en el ambiente, tal vez algo nos rondara por la cabeza, pero era tan vago, tan confuso que no se podía hablar del presentimiento de algo extraordinario…”

    Kapuscinsky sabe que observa desde un punto de vista privilegiado. Por eso, sólo pone las iniciales de sus testimonios, los cuida porque están poniendo en riesgo hasta su propia vida en una situación social que aún no estaba en calma. El autor hace, durante toda la obra, una colección impecable de datos. No deja ningún detalle de lado, aprovecha al máximo los recursos y los expone, los comparte con el público, invitándolos también a vivir esta historia, poniendo énfasis en el proceso que tuvo que vivir la población dentro y fuera del Palacio Real para generar este cambio.

    El autor comienza el relato contando cómo la comunidad internacional comenzó a prestar atención a la situación de hambruna y pobreza que estaba viviendo la población del interior del país. El hecho de que muchos extranjeros hayan ido a misionar a Etiopía para ayudar a la población puso en alerta al Gobierno que sabía que esto podría generar un cambio. Le podría mostrar a los ciudadanos que habría una situación mejor.

    “Z. S-K.: …¡El Imperio se convirtió en lugar de tráfico internacional! Sin embargo, le digo de antemano que tal movilización no fue recibida en palacio con excesiva alegría, pues nunca trae nada bueno al dejar entrar a tantos extranjeros, porque éstos se quedan boquiabiertos con cualquier cosa y, además, critican…”

    Kapuscinski logra meterse en la intimidad del Emperador, deja conocer los detalles de esos días, sus expresiones, sus opiniones respecto de lo que pasaba afuera y lo comparte con todos lo que lo quieran leer. Hace una descripción perfecta de lo que el Emperador sentía y pensaba. De la disociación y el antagonismo entre un hombre que siente que todos deben responder a él, que puede manejar los territorios, las vidas y los sentimientos y de un pueblo que cada vez más se siente independiente y que está cansado de ser sometido por el Rey y que quiere destituirlo.

    Miles de etíopes confiándole al autor, y al lector, sus experiencias, sus vivencias dentro del palacio. Dando testimonios únicos de un personaje al que no muchos pudieron llegar, de aquellos que no se encuentran en cualquier lado, que merecen la pena ser descriptos. Revolucionaria idea la del autor de meterse en medio de ellos, como si fuera uno más, tratando de saber qué fue lo que pasó en este país, aún siendo todo muy reciente. Kapuscinsky hace de corresponsal de guerra pero lo transforma a todo en prosa, vende un drama, una vivencia y cuenta una solución. Es vida real hecha literatura. Una verdadera obra para recomendar.

  13. Florencia Campobello

    Ryszard Kapuscinski fue un periodista, historiador, escritor, ensayista y poeta. Estudió en la Universidad de Varsovia historia y arte, aunque finalmente se dedicó al periodismo. Colaboró en Time, The New York Times, La Jornada y Frankfurter Allgemeine Zeitung. Compaginó desde 1962 sus colaboraciones periodísticas con la actividad literaria y ejerció como profesor en varias universidades. Fue maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada y presidida por Gabriel García Márquez. Fue corresponsal en el extranjero hasta el año 1981. Falleció el 23 de enero de 2007 a causa de una grave enfermedad.
    La Jungla Polaca, una obra compuesta por 22 historias, fue publicada en 1962. En ellas convergen el periodismo y la literatura. Al escribir esta obra, en la década del 50, trabajaba como reportero del semanario Polityka. Cada historia refleja su paso por diversos lugares de Polonia, excepto una que hace referencia a un viaje a África.
    De esta manera, recorriendo diversas áreas, alejado de las grandes ciudades, Kapuscinski atraviesa los pueblos polacos y se involucra con los habitantes, la cultura y las diferentes formas de vida que va encontrando en el camino. Así narra sus experiencias, en un híbrido entre periodismo y literatura, ya que su creación de artículos periodísticos o crónicas parecen cuentos o historias reales en las que se retrata la vida en el campo luego de la segunda guerra mundial. El autor muestra un gran compromiso a la hora de escribir sobre el pueblo polaco y sus habitantes, detallando rasgos de personalidad muy diferentes, realistas y humanos.
    «Kapuscinski encuentra a sus héroes entre los habitantes de aldeas de mala muerte, entre personas de profesio¬nes poco corrientes y aquellas cuyas vidas -también poco corrientes- están marcadas por la complejidad de la época en la que les ha tocado vivir» (Wlodzimierz Maciag, Zycie literackie).
    En cada crónica, Kapuscinsky narra sus vivencias en ese viaje detallando los traumas de la guerra y haciendo una descripción piadosa de personajes derrotados. Esto se ve reflejado por ejemplo, en “El gran lanzamiento”, donde el periodista describe a un deportista y a su admirador, un deportista frustrado: “Me da pena el hombre del jersey. No lo conozco, pero hemos coincidido varias veces en este estadio e intercambiado algunas frases. Sé que lo trae aquí. No viene para admirar a Piatowski. Si hay algo que quiere ver es a el mismo, a ese deportista que no ha llegado a ser.” Kapuscinsky logra crear un conjunto de crónicas, fundiendo la mirada subjetiva con la documentación rigurosa, la investigación, la observación y la experimentación.
    La única historia que no transcurre en Polonia es la misma que le da el título al libro, “La jungla polaca”. Aquí el autor habla de África, del encuentro accidental con un grupo de ancianos en un perdido pueblo ghanés, y de la charla que mantuvieron mientras esperaban que les arreglaran el auto. A diferencia de los otros relatos, en esta crónica Kapuscinski hace un paralelismo entre la cultura polaca, definiendo a sus habitantes como “buenos para la batalla y para la botella”, y la africana, detallando rasgos de esa cultura, la existencia de un “jefe” en cada tribu y la relevancia de los dioses. De esta manera concluye el articulo diciendo “…mujeres blancas quieren parecerse a las negras, piensa, enseñan a leer a la gente, él ha dicho algo así, piensa, han pasado por una guerra, ¡ufff…!, la guerra, ha dicho algo más, ah, sí, no tienen colonias, ni una sola, aquel país, Polonia, es blanco y sin embargo no tiene colonias, piensa, la selva grita, es bien extraño este mundo.
    Lo particular de la obra de Kapuscinski es su forma de describir desde adentro, viviendo como aquellos a quienes describe, entablando relaciones con quienes son descriptos. El autor describe situaciones en las que se encuentra inmerso como uno más del grupo, realizando actividades riesgosas, diferentes, cansadoras y hasta temerosas como cargar un ataúd junto a un puñado de hombres y transportarlo a pie durante varios kilómetros, viajar con integrantes de una tribu africana en un colectivo destartalado o emprender excursiones por el medio de la selva. “Ya en sus primeros textos se evidencia que, además de una gran cultura literaria, posee el poco habitual don de empatía con sus protagonistas, a los que no tanto describe como intenta comprender”.(Remigiusz Grzela).
    Además el autor logra darle importancia a cuestiones y personajes que normalmente pasarías desapercibidos, pero él los encuentra y analiza de manera tal que los vuelve llamativos e interesantes. El propio autor hace referencia a esto en el texto “El carcamal”, donde se cuestiona o reflexiona acerca de quién es a quien observa y analiza: “A lo mejor logro captar el quid oculto bajo la superficie, en la cual no hay nada que llame la atención: profesor de instituto”. Esa es la clave de su labor.
    En conclusión, Ryszard Kapuscinski en La Jungla Polaca logra darle relevancia a cuestiones de la vida cotidiana. Sus textos, aunque periodísticos, parecen literarios, pero nunca le dan al lector la falsa idea de estar leyendo una ficción.

  14. SACRIFICIO, ESTUDIO Y POCA AMBICIÓN ECONÓMICA
    R.K. enumera tres características que debe tener un “buen periodista”. Señala entonces dos elementos esenciales y un tercero casi tan determinante como los anteriores.
    Habla entonces de sacrificio, profundización del conocimiento y la predisposición a “no hacer dinero fácil” con la profesión.
    Refiriéndonos al primer elemento, coincido en que debe haber una cierta disposición al sacrificio, ya que es una profesión, como dice R.K. muy exigente, que nos está encima las 24 hs.
    Ahora bien, creo que en todas las profesiones es necesaria esta cuota de sacrificio. R.K. hace una distinción cuando dice “todas las profesiones son exigentes, pero la nuestra {por el periodismo} de manera peculiar. El motivo es que nosotros convivimos con ella 24 hs. Al día”. Es cierto que, como dije antes, coincido con la exigencia “full time” del periodismo. Pero considero que en todas, o almenos un 90% de las profesiones exigen esa predisposición. Qué decir entonces de los policías, médicos, bomberos voluntarios, en fin.

    El segundo elemento. EL periodismo debe estar siempre acompañado de un estudio en constante profundización del conocimiento. Es una especie de carrera eterna. Es cierto que hay profesiones donde alcanza con los 5 años universitarios y ya. El periodismo en este sentido, interpreto, debe estar constantemente consciente de que comunica para instruir.

    Habla de una tercera cualidad, con la que no estoy muy de acuerdo. Habla de una necesidad de separar crecimiento económico de ejercitación periodística. Creo que en todas las profesiones se empieza desde abajo. Aunque también entiendo que lo dice con objeto de no desesperar si los frutos tardan en llegar.

    EMPATIA, PASAR DESAPERSIBIDO. SUJETO COGNOSCENTE
    Mirar, “con la concentración necesaria para prestar atención”, como le dice Berger, única forma de comprender la cultura.
    Cito aquí a Vasilachis cuando habla del sujeto cognoscente o epistemología del sujeto conocido: “Así, podemos resumir de esta manera los presupuestos de la epistemología del sujeto conocido que surgen la citada investigación:
    a) en lo que hace a la capacidad de conocer esta epistemología parte del principio de la igualdad esencial entre los hombres y
    de la identidad común del que conoce y del que es conocido y, por tanto, considera al conocimiento como una construcción
    cooperativa;
    b) respecto de las formas de conocer propone la disolución, el desmembramiento, la dis persión, la anulación de los paradigmas
    en cuanto impongan límites a la manifestación del sujeto conocido en toda su esencia e identidad;
    c) en lo que se refiere al alcance del conocimiento, la posibilidad de ese sujeto de manifestarse integralmente conduce a la resistencia
    a conceptualizaciones, categorizaciones, tipologizaciones de ese sujeto por medio de nociones previas y/o parciales
    respeto de su identidad;
    d) en cuanto a la validez del conocimiento se estima que el conocimiento científico no es más que una forma socialmente legitimada
    de representar la realidad y se le acuerda significación central a la representación “privilegiada” de los actores sociales
    y
    e) con relación con el desarrollo del conocimiento propone nuevas formas de conocer con capacidad tanto para dar cuenta
    de la igualdad esencial y de la diferencia existencial propia de los seres humanos como para evitar que sean consideradas como
    esenciales sus diferencias existenciales ya que considera a la identidad humana como provista de un componente común de
    índole esencial y de otros componentes diferenciales de carácter existencial (Vasilachis de Gialdino, 1999a), 2O00c)).”

    SEPARAR NEGOCIO DE LA LUCHA POLITICA Y DE LA BÚSQUEDA DE LA VERDAD
    Otro de los temas que creo merecen atención es la distinción que establece entre un periodismo, podría decirse, VERDADERO, el de la búsqueda de la verdad; el de la lucha política en una especie de concepción propagandística, refiriéndome con esto a una tendencia a aprovechar el periodismo, lejos de la calidad periodística, para alinearse con un proyecto político. Sea revolucionario o no. Es utilizar el privilegio como formador de opinión como herramienta al servicio de la ideología política.
    EL tercero. Utilizar la información como medio para ganar dinero. Aquí podría pasarme párrafos hablando de espectacularización de la noticia, prensa amarilla, sensacionalismo, pero no es el objetivo.

    Creo que, sintetizando esta distinción, un “buen periodista” debe tener un poco de las tres, aunque R.K. descarte las últimas dos. Creo que el un buen profesional debe tener siempre la intención de buscar la verdad. Pero creo también que si la consideramos profesión no se puede evitar hacerla a cambio de dinero y si tratamos de ocultarlo puede que terminemos envueltos en nuestras propias mentiras como la típica frase “si los medios son así es porque es lo que a la gente le gusta consumir”. Creo que si estamos permanentemente conscientes de una profesión éticamente responsable no hay problema de utilizar la información como negocio. Qué dirían de los maestros de escuelas privadas.
    Por último, cómo hablar y defender a los débiles, como dice R.K. si no estamos convencidos de luchar por una causa justa. Creo, nuevamente, que esta distinción debe estar clara y presente, lejos de ocultarse para no caer en un periodismo propagandístico.

    2 CATEGORÍAS, LOS JEFES DEBEN SER PERIODISTAS
    La distinción anterior me da pie a remarcar otra diferenciación que hace R.K.
    El autor divide a los periodistas en dos categorías: los siervos de la gleba y los directores. Aquí coincido plenamente en el sentido de que los directores deben ser periodistas, o al menos estar muy compenetrados con la profesión. De lo contrario (y de hecho es lo que sucede hoy en día) observando que estos últimos, en su mayoría, no son periodistas, sino grandes ejecutivos..

    EN DEFINITIVA
    Creo que podríamos empezar a diferenciar dos mega categorías en los contenidos mediáticos.
    Uno, el de la información comercial (si a alguno se le ocurre un nombre más original, estoy dispuesto a escuchar). Donde los directores sean empresarios, los cínicos para RK, que sepa cómo negociar con la información, pero que quede siempre claro que el receptor la consumirá únicamente como entretenimiento y recreación.
    Por el otro, un periodismo responsable, donde el informador se de los que imagina R.K. esas “buenas personas”. Que pueda explicar, informar una verdad con un conocimiento directo, físico, emotivo, sin filtros ni especulaciones económicas.

  15. Encuentro con el otro
    El periodista polaco Ryszard Kapuscinski reúne en este libro una serie de conferencias que tiene como eje central la temática del Otro. El texto comienza con una confesión del autor, explica que siempre que va a emprender un viaje le genera inquietud cómo será el encuentro con “el Otro”. Cuando dice “el Otro” se refiere al ser humano que es distinto a mí.
    A lo largo de este pequeño volumen, el autor reitera en demasía la importancia de abrirse al otro, respetarlo, dialogar con él no sólo para abrir nuestros horizontes y ampliar nuestro mundo de vida sino también porque, en el encuentro con el otro, me descubro a mí. El otro resulta un espejo de lo que soy yo.
    Múltiples autores han desarrollado el concepto del encuentro con el otro, por ejemplo, Borges en su texto Biografía de Isidoro Cruz, en este texto los dos protagonistas hallan su propia identidad cuando se ven reflejados en la acción del otro.
    McLuhan explicaba que es difícil percibir el ambiente en el que se está inmerso, un típico ejemplo, el pez no percibe las características del agua. El hombre pues debe fortalecer primero su identidad, valorar su cultura y luego salir al mundo para, en el choque con lo distinto, darse cuenta de sus propios rasgos. Esta idea la retoma Kapuscinski para explicar que si no se posee un autoconocimiento se tenderá a la aislación ya que el reflejo que dará el encuentro con el otro será tomado como un desenmascaramiento.
    Kapuscinski que fue periodista pudo observar por su trabajo lo complejo que resulta el encuentro con el otro. Explica que respecto a esto hay tres actitudes diferentes: guerra, aislamiento y cooperación. La elección de una postura sobre las demás está determinada por el tiempo y la cultura en la que vive el ser humano.
    La actitud de choque se observa en las múltiples guerras que hay en el mundo, por ejemplo, Israel contra Palestina. Murallas, como la Muralla China, es un ejemplo de la postura de aislamiento.
    Kapuscinski se apoya en las teorías de varios pensadores con el propósito de destacar, desde el principio, la importancia del diálogo y la riqueza del choque entre hombres de diversas civilizaciones. Cita a Lévinas y su postura de oposición: rescata al Otro como oposición a los fenómenos de la sociedad de masas y las ideologías totalitarias.
    La corriente de pensamiento de Lévinas ponía no solo en condición de igualdad al Otro sino que también hace énfasis en “ser responsable del Otro”. Asimismo da voz a las preguntas que se hizo Bronislaw Malinowski: “¿Cómo acercarse al Otro, cuando no se trata de un ser hipotético, teórico, sino de una persona de carne y hueso que pertenece a otra raza, que tiene una fe y un sistema de valores diferentes, que tiene sus propias costumbres y tradiciones, su propia cultura?”
    El autor explica que el mundo está pasando de una sociedad de masas a una sociedad planetaria. En esta nueva sociedad, nace la cultura del mundo contemporáneo que esta influenciada por la globalización, corriente que dice uniforma la realidad y, su contraria, que preserva las diferencias. Kapuscinski de manera orientadora cuanta que en su experiencia de encuentros con muchos Otros, en general, muy distintos a él, logró hacer vibrar en el Otro la cuerda de la humanidad mostrándose abierto y con buena disposición hacia el Otro.
    Este libro es recomendable al público en general porque llama a la reflexión, nos invita a ver a los Otros, a veces muy distintos a nosotros mismos, como puertas que nos llevan al autodescubrimiento. De todas maneras, resulta especialmente valioso para los futuros periodistas o los que recorren los caminos de la profesión ya que Kapuszcinski como destacado reportero aprecia al Otro como la fuente más rica de conocimiento y como una mano que ayuda en dicha profesión de diversas maneras (posibilitando otros contactos, los otros pueden dar albergue en su hogar e incluso el Otro puede llegar a salvar nuestra vida).
    Destaca la importancia de los trabajos sobre el terreno como método de estudio para conocer al Otro, tanto para la labor de los científicos como para los reporteros. Para realmente comprender a alguien distinto a uno no basta con observar desde afuera, hace falta convivir, ver como piensa, actúa, sólo así se puede conocer.
    Kapuscinski retoma la idea de McLuhan de aldea global y explica que Marshall creía que los medios de comunicación iban a convertir al mundo en una comunidad de hermanos. El autor critica esta idea pues expone que en una aldea se producen encuentros cara a cara y que, en nuestros tiempos, esto no sucede ya que vivimos sumergidos en la vorágine sin prestar atención al Otro.
    El autor expone un tema interesante y de especial importancia para un mundo globalizado, ya que el encuentro con Otro es cada vez más factible. Sin embargo, cae en la reiteración, volviéndose un poco tedioso.
    El lenguaje de esta recopilación de sus conferencias es sencillo y puede ser entendido por todos. La pluma y la claridad de su escritura atrapan desde el primer momento haciendo que página a página nos demos cuenta que el Otro, a pesar de las diferencias, es un ser humano igual que yo. Esta enseñanza amerita destacar esta obra.

  16. Maggie García Pena

    La guerra del Fútbol y otros reportajes (segunda parte)
    Ryszard Kapuscinski

    Kapuscinski elige citar al protagonista de Moby Dick, el marinero Ismael, para resumir su propia historia“¿La vuelta al mundo? Hay mucho en ese sonido que inspira sentimientos de orgullo, pero ¿adónde lleva toda esa circunnavegación? Sólo a través de peligros innumerables, al mismo punto de donde partimos, donde los que dejamos atrás, a salvo, ha estado todo el tiempo antes que nosotros”. Kapuscinski agrega: “Y sin embargo, Ismael sigue navegando”.
    En La guerra del fútbol los peligros que enfrenta este periodista son innumerables, los obstáculos también, el juego entre la vida y la muerte se transforma en algo normal. Y sin embargo, Kapu sigue “navegando”.
    Entre 1958 y 1976 viaja como corresponsal de la Agencia de Prensa Polaca por las zonas más conflictivas del mundo. Avanza de su Polonia natal a la liberación de Ghana, a los levantamientos del inaccesible Congo, a la Argelia de los contrastes, a la Sudáfrica afrikaan, a la desquiciada guerra civil de Nigeria. Confiesa en su libro: “África significaba para mi la liberación personal”. Luego en Latinoamérica vive en primera persona la guerra entre Honduras y El Salvador, guerra que dará el nombre a este libro. Y finalmente en Chipre convive con turcos y griegos para poder comprender su conflicto. Todas estas experiencias nos las regala en La guerra del fútbol y otros reportajes.

    DE IGUAL A IGUAL
    Existen dos formas distintas de interpretar los fenómenos sociales, según la socióloga Irene Vasilachis. La postura del sujeto cognoscente propone una mirada objetiva, determinista, cerrada sobre aquello que se estudia, se aborda al sujeto como un objeto. En cambio, la epistemología del sujeto conocido propone tomar al otro como igual a uno, abarcar al sujeto sin determinarlo bajo preconceptos. Si se aplica esta clasificación al periodismo, Kapuscinski claramente entra en el segundo grupo.
    Sus relatos no dibujan personajes, sino que busca descubrir la realidad que ellos viven. Narra con cercanía, se queda con ellos, “pierde el tiempo” escuchando lo que tienen para decir. En su relato sobre el conflicto en Chipre cuenta cómo, por equivocación, termina parado frente a una multitud que aguarda de él un discurso esperanzador en medio del clima de guerra. Ryszard va con la verdad: “No he venido aquí para hacer promesas. He venido para conocerlos. Propongo que pongamos fin a este mitin, y tal vez uno de ustedes tenga a bien invitarme a su tienda”.
    Al narrar la charla con las señoras griegas Kapuscinski refleja cómo vive el pueblo griego el estado de guerra. Y al relatar el encuentro con el hondureño que no sabía por qué causa luchaba, el periodista expone la situación de la mayoría de los soldados. En lo particular, en la experiencia de un simple hombre o mujer, plasma el ambiente que se da en general. No usa abstracciones, todo lo muestra en los hechos. Que cada uno saque sus propias conclusiones. Cuando él saca las suyas, deja en claro que son sólo opiniones personales.
    Kapuscinski suma una gran dosis de historia a cada reportaje. Contextualiza los conflictos entre tribus, pueblos, naciones y lo hace de manera sencilla, pero sin simplificar. Describe sistemas políticos, costumbres religiosas, fronteras entre países, sistemas económicos. Todo esto para poder entender, por ejemplo, la lucha por el poder entre el presidente y vice de Dahomey, o la guerra civil en Nigeria o el hecho de que un partido de fútbol desatara una guerra entre Honduras y El Salvador.

    EN CARNE PROPIA
    “Le ruego que de una vez para siempre deje de meterse en expediciones que puedan terminar en tragedia” fue el pedido de su jefe por el reportaje Barreras de Fuego. Es que en su estadía en Nigeria durante la guerra civil de 1966, Kapuscinski se vio obligado a cruzar tres controles de ruta, más bien barreras de fuego, que eran dominados por combatientes nigerianos y en las que casi pierde su vida: recibió golpizas, le robaron y lo rociaron con kerosene para prenderlo fuego. El relato del tercer control ya se asemeja a la ciencia ficción: tuvo que atravesar la barrera de fuego a toda velocidad con el auto porque sabía que si lo frenaban ya no iba a sobrevivir para contarlo. Escenas de película como estas surgen varias veces en el libro. Lo increíble es que siempre logra sobrevivir.
    “No se que nos guía: si la insensatez y falta de imaginación o la ambición y el apasionamiento, la irreflexión o el sentido del deber que nos hemos impuesto, la obsesión o el pundonor. Pero lo cierto es que deseamos seguir este camino (en el que tan fácil resulta morir)”. Entre reportaje y reportaje se cuelan borradores de libros que planea escribir en algún futuro. En estos continúa narrando sus experiencias en los países que cubre, pero sobre todo da lugar a sensaciones, preocupaciones, pensamientos suyos. Se hace transparente frente al lector, se muestra como un hombre más.
    Describe con claridad y minuciosidad lo que siente al estar al borde la muerte, trasmite su indignación frente a la discriminación por ser blanco o negro, reflexiona sobre la sensación de soledad en el trópico y describe el trabajo de corresponsal. Luego de una larga hoja de consideraciones sobre esto último finaliza: “No puede ser corresponsal el que ahorra cada dólar para construirse una casa cuando vuelva a su país, el que no sabe dormir en una choza de barro africana, y el que desprecia a la gente sobre la cual escribe”. Incluso expresa su aberración hacia las oficinas y los escritorios, reconoce que nunca podrá someterse a ellos: “Detesto las mesas escritorio. Los muebles separan a la gente, los hombres se atrincheran tras ellos como detrás de una barricada”.
    Kapuscinski siente la necesidad de experimentarlo todo en carne propia, de llevarlo todo al límite. Inquieto por naturaleza, no puede observar al mundo detrás de un escritorio. Y es esto lo que lo diferencia del resto de los periodistas. Sus relatos son únicos porque sus experiencias en cada país son únicas también.

    LA GUERRA DEL FÚTBOL
    Su paso por Latinoamérica fue fugaz comparado a su amorío con el África. De 1967 a 1972, Kapuscinski fue corresponsal en Chile y luego en México por cuatro años. En Chile descubre “el exceso de riqueza y el exceso de miserias” que tiñen nuestras tierras. Todo está tapado de chucherías: “tuve que pasar mucho tiempo abriéndome pasó entre tamaña exuberancia antes de poder llegar hasta el hombre, de poder sentirme como en casa entre aquella gente y conocer sus dramas”.
    Una vez instalado en México, Kapuscinski vuelve a encontrarse con el deber de cubrir una guerra, esta vez entre Honduras y El Salvador. Una guerra que se desata por las agresiones de los simpatizantes de ambos países en los partidos por las eliminatorias para el mundial de México 70, pero que su origen s remonta a problemas políticos entre ambos. Kapuscinski vuela a Tegucigalpa, y cuando se desata la guerra en la frontera él es el único corresponsal extranjero en Honduras.
    Vivirlo en carne propia, ese es su anhelo. Consigue llegar al frente de guerra y se encuentra con todo lo que significa un escenario como ese: dolor, locura, cansancio, desesperación, muerte, sinsentido. Sus relatos sobre estos momentos son crudos, directos. Narra lo que vive, narra las balas que le pasan a centímetros de distancia, la granada que le explota a pocos metros, el temor por no saber donde refugiarse, el encuentro con un soldado en medio de la batalla. Y a través de este pobre soldado hondureño, que lo único que quiere es volver a su casa con su familia, Kapuscinski le revela al lector el sinsentido de la guerra. Un hombre que se alegra de encontrar una salida de ese infierno y que se preocupa más por llevarse los zapatos de los soldados muertos para sus hijos que andan descalzos, que por salvar su vida. El autor plantea una perspectiva distinta: el soldado es también un hombre que sufre, y que no deja de ser hombre por ir a la guerra. Su familia y sus necesidades siguen estando allí.
    La guerra del fútbol y otros reportajes es un excelente retrato de Ryszard Kapuscinski. El lector termina conociendo al autor al finalizar la lectura porque éste discute, argumenta, se indigna, admira, reflexiona, lo hace todo durante sus relatos. Permite que a él también lo conozcan. Un simple periodista que se enfrenta a tantos horizontes inciertos, peligros, locuras, amarguras contagia al lector y dan ganas de “seguir navegando”, como lo hará Ismael. Como lo hará Kapuscinski.

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