Las villas y los medios

Acaba de salir un libro recomendable. Se llama Curas villeros: De Mugica al Padre Pepe. Historias de lucha y esperanza (Sudamericana, 2010), y es de Silvina Premat, periodista que cubre asuntos religiosos en el diario  La Nación.  

Desde el prólogo, Premat avisa lo que se viene: “Me siento a escribir estas páginas con todo el temor y el temblor de contar una historia de amor que transcurre en medio de una guerra que aún se está luchando y en la que algunos mueren, otros viven y el resto logra vivir” (p. 9).

Y el periodismo es un actor en esta “guerra”.

Hay varias menciones directas e indirectas al rol de los medios, los que parecen construir un muro cognitivo que impide conocer a la sociedad villera. Se dice que el periodismo la retrata desde lejos y no es justa la representación que construye sobre ella.

Para empezar, la noticiabilidad está asociada al conflicto. Las amenazas de muerte hicieron famoso al Padre Pepe, de la villa 21-24. Premat escribe que cuando los curas villeros convocaron a una conferencia de prensa para presentar un documento sobre el paco, asistió una tercera parte de periodistas que cuando se produjo la amenaza de muerte, (p. 16). En otro episodio, hace quince años, los periodistas recién entraron a la villa cuando los villeros se defendían con piedras de las topadoras que mandó el intendente Jorge Domínguez. O, durante una huelga de hambre de los curas ese mismo año, se refiere a “los periodistas (…) que velaban por llevarse la imagen de un cura en una camilla hacia el hospital”. (p.259)

Del lado bueno, los periodistas también están asociados a la protección de los villeros. Los curas villeros solo levantaron aquella huelga de hambre cuando el gobierno porteño se comprometió ante las cámaras de televisión que no habría violencia contra las villas y que se suspendían las erradicaciones.

Ese bloqueo cognitivo tiene que ver con que las historias de la villa están contadas por periodistas de una ciudad que no considera propias esas zonas urbanas hundidas. Son ocupantes transitorios, en proceso de migración, aunque esos asentamientos lleven en algunos casos más de sesenta o setenta años. El periodismo urbano oficial viaja a las villas, de la misma forma que un corresponsal de guerra en un país en el que no conoce el idioma.

Dice un cura villero: “En general, la gente de afuera piensa que esto es una tortura y que nosotros somos unos héroes, nos admiran y nos dicen: !qué obra la que hace usted padre! Nosotros nos reímos de eso. Para nosotros no es así. Yo no sufro más que los curas de afuera. Esto pasa porque el de afuera no sabe lo que es esto; tiene una imagen creada por los medios y el morbo de todos y se relacionan con esa imagen. (…). Todos los que viven acá son víctimas de ese ideario colectivo de lo que es la villa; algunos no consiguen trabajo por vivir acá o lo pierden cuando trasciende dónde viven” (p. 169).

El libro tiene un anexo muy interesante que reune los documentos del orígen de los curas villeros, en los violentos sesenta y setenta, cuando varios de aquellos sacerdotes fueron demasiado ambiguos o tardíos en la condena a la violencia guerrillera, con los documentos de los actuales curas villeros.

Se percibe en el discurso de ambos momentos históricos la misma preocupación por este bloqueo cognitivo del que los medios son al menos co-responsables. En el documento del 28 de diciembre de 1969 los curas hablan de la “falsa imagen de indolencia y vicios con que ‘los del asfalto’ pretenden cubrir la triste realidad de las villas, para eludir su responsabilidad social respecto de las mismas”. (p.274)

En el documento de junio del 2007 (“Reflexiones sobre la urbanizacion y el respeto por la cultura villera”) los actuales curas villeros dicen: “Vivir en la villa nos hace comprender, entender y valorar la vida en ella de manera distinta a la que se escucha habitualmente en el periodismo amarillo, que parece sugerir que las villas son las causantes de la mayoría de los problemas de nuestra querida Buenos Aires”. (p. 276). En el documento de marzo del 2009 (“La droga en las villas: Despenalizada de hecho”), dicen: “Ante la confusión que se genera en la opinión pública con la prensa amarilla que responsabiliza a la Villa del problema de la droga y la delincuencia, decímos claramente:  el problema no es la Villa sino el narcotráfico”. (p. 281)

En este documento los sacerdotes proponen una solución para el desastre de las adicciones, que debería ser tenida en cuenta en nuestros criterios de noticiabilidad periodística:

“Nos parece que se trata principalmente de crear ámbitos de contención y escucha de nuestros niños, adolescentes y jóvenes -en este sentido no es menor todo lo que se haga para fortalecer a sus familias-. Ámbitos de recreación y de construcción de un proyecto real para su vida. (…) Muy unido al tema de consumo de droga, tal vez como una de sus grandes causales está la falta de sentido, de un horizonte hacia el cual caminar. El aburrimiento, el tedio, el no tener qué hacer, van minando la pasión por la vida y donde no hay pasión por ella, aparece la adicción. El gran trabajo de prevención nos parece que tiene que tener como eje el mostrar que la vida tiene sentido. Por eso nos parece que las adicciones son principalmente enfermedades espirituales, sin negar obviamente su dimensión biológica y psicológica”. Citan un documento de la Conferencia Episcopal Argentina que ratifica esto y nos puede ayudar como periodistas: “La deuda social es también una deuda existencial de crisis de sentido de la vida: se puede pensar legítimamente que la suerte de la humanidad está de manos de quienes sepan dar razones para vivir”. Y siguen: “El sentido de la vida se adquiere por contagio, los valores se descubren encarnados en personas concretas, por eso, la importancia fundamental de generar en nuestros barrios líderes positivos que puedan transmitir valores vividos por la fuerza de su testimonio”.(p. 284)

¿Cuál sería la receta?: “El primer paso es acercarse a los chicos, no esperar a que estos golpeen las puertas de las instituciones. (…). Este primer paso es acercar el corazón. Corazón que se acerca es corazón que se ve y se deja tocar por este doloroso grito y por eso se pone a su escucha. El hábito de la escucha no es algo común en nuestros días y es esencial para un verdadero encuentro. (….). Acercarse, caminar los barrios, escuchar, encontrarse es el primer paso imprescindible”. (p. 287)

Los niños y adolescentes villeros sufren también la agenda  y las imágenes que construimos desde el periodismo: “Hoy vivimos la cultura de la imagen. Si esto se logra en gran parte se adueñan de nuestra vida. (….) hay una responsabilidad grande de los publicistas y de los medios de comunicación en general, valga como ejemplo este verano (por el último): por un lado la propaganda de una bebida alcohólica en la playa que al parecer era sinónimo de plenitud y alegría, por otro lado la realidad de la violencia como consecuencia del exceso de alcohol en muchos jóvenes en la costa. Tal vez esto sea una llamada de atención para que veamos que como sociedad estamos dejando muy solos a nuestros adolescentes y jóvenes. No les enseñamos qué hacer frente al aburrimiento, la tristeza, la bronca o la soledad, etc”. (p. 288)

También Jorge Fernández Díaz escribió una magnífica nota sobre el tema: “El párroco de la calle de la muerte“, en La Nación del 23 de abril del 2009.

Una respuesta a “Las villas y los medios

  1. Me quedo con una cita que para mi habla del cambio necesario.

    “El aburrimiento, el tedio, el no tener qué hacer, van minando la pasión por la vida y donde no hay pasión por ella, aparece la adicción. El gran trabajo de prevención nos parece que tiene que tener como eje el mostrar que la vida tiene sentido.”

    Cuando mas nos alejemos de las villas por “miedo” o desconocimiento al asumir que no son mas que barrios violentos, lo único que hacemos es fomentar la exclusión. Incluso la autoexclusión de jóvenes que creen que no tienen salida de esa realidad violenta o que la sociedad no tiene un lugar para ellos mas que la periferia.

    Los medios podrían empezar a dar voz a todas aquellas organizaciones que trabajan por la inclusión y porque los “pibes villeros”, encuentren algo “en lo que son buenos”.
    Les dejo un video de Crear Vale la Pena, una organización que forma parte de la Red Latinoamericana de Arte y Transformación Social. Apuntan a la transformación social a través del arte, la inclusión de jóvenes en situación de riesgo social.

    Otro caso es el Circo Social del Sur: http://www.circosocialdelsur.org.ar/

    Son solo algunos ejemplos de gente que trabaja por la inclusión, y por abrir otros caminos a los chicos que crecen aislados en barrios de alto riesgo social con la idea de que su realidad tiene un solo camino posible y es “sobrevivir”.

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