Harlem y el periodismo

Los barrios pobres suelen ser atractivos para el periodismo de clase media hegemónico. Cada tanto, los periodistas realizan visitas turísticas de inmersión. En algunos casos se quedan meses, otros van una tarde. Pero generalmente es una mirada externa. Philippe Bourgois no es periodista, sino antropólogo, y se instaló a vivir recién casado con su mujer, durante varios años en la zona más pobre de Harlem. Allí incluso tuvieron y criaron a un hijo.Su objetivo era realizar la inmersión más profunda posible en los marginales de los barrios más marginales, y lo logró. Tuvo acceso a los vendedores de crack y fue parte de su red social. En el 2002 escribió su libro En busca de respeto. Vendiendo crack en Harlem, Pensé que iba a hablar mucho de los medios de comunicación y cómo estos los representan de un forma que podría contribuir a bloquear las pocas posibilidades de salida de la marginalidad.Pero de medios y periodismo hay muy poco. En los relatos que Bourgois consigue, después de su inmersión espectacular, casi no aparecen los medios. Están fuera de los medios, no los tienen para nada en cuenta. El autor apenas explica que lo que llamamos “cultura popular” es un reprocesamiento que hace la academia, la prensa, el cine, la moda, la música, de algunas prácticas rebeldes, que luego son apropiadas por el resto de la sociedad.Es curioso también que “algunas de las expresiones linguísticas elementales con las que la clase media norteamericana se refiere a la autoestima (tales como cool, square o hip) se acuñaron en las calles de la inner city” (p. 38). Quizás una clave para orientar a los periodistas en la cobertura de estas comunidades sea la siguiente: “Debe destacarse que la mayoría de los residentes del Barrio se mantiene al margen de las drogas. El problema es que los ciudadanos que obedecen las leyes han perdido el control del espacio público. Independientemente de sus números absolutos o porcentaje relativo, la población de Harlem que trabaja con dedicación sin consumir ni traficar drogas se ve obligada a atrincherarse y a tomar una posición defensiva. La mayoría vive con miedo incluso con desdén hacia su vecindario. (…). En otras palabras, los narcotraficantes que protagonizan este libro representan una pequeña minoría de los residentes de East Harlem, pero son ellos quienes han implantado el tono de la vida pública” (p.41).

¿Cuál sería entonces una alternativa en las coberturas? Intentar inducir la reconstrucción de la vida pública en esas comunidades empoderando mediáticamente a los líderes y organizaciones barriales más positivas. En vez de ir a describir situaciones de decadencia extraordinaria, intentar visibilizar a los que luchan allí adentro.

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