Movimientos sociales y medios, según Charles Tilly

En el último libro de Charles Tilly (Los movimientos sociales, 1768-2008. Desde sus orígenes a Facebook, Editorial Crítica, Barcelona, 2010) se dicen algunas cosas relevantes sobre esto. Tilly ha sido un gran autor, pero este no es para nada un gran libro.

Tilly pelea contra el determinismo tecnológico de quiénes creen que los cambios en los medios permiten una transformación absoluta de los movimientos sociales. Recopila ejemplos que sí muestran una dependencia fuerte de los movimientos con respecto a los medios. Habla de una “asimetría intrínseca” que “suponía que los activistas raramente podían contar con la cobertura de los medios, apenas podían controlar el retrato que de ellos hacían y, las más de las veces, no quedaban satisfechos con el tratamiento que se les había dispensado” (p. 171). Y dice: “los teléfonos e internet, por su parte, permiten un mayor grado de simetría entre el emisor y el receptor (….) sin embargo….incluso esa simetría choca con unos limites serios, y podría homogeneizar las relaciones entre partes que ya se definen como iguales, o abrir una puerta para que los proveedores bien organizados dominaran los flujos de información. Evitemos, por lo tanto, el determinismo tecnológico: la mera invención de nuevos medios de comunicación no cambió por sí sola el carácter de los movimientos  sociales” (p. 172). Para ratificar su fobia al determinismo tecnológico, Tilly agrega: “incluso en una época como la nuestra, donde la tecnología es tan importante, los medios no engendran, por sí mismos, movimientos sociales” (p. 177).

Cita dos ejemplos importantes

(1) el caso del padre Charles Edward Coughlin, quien fue “uno de los líderes más influyentes del movimiento social norteamericano durante los años treinta (siglo xx)” (p. 173). Para Tilly ese sacerdote “fue el pionero en el uso de la radio en tanto que herramienta organizativa del movimiento social” (p. 175).

(2) el caso de su amigo Todd Gitlin, que era presidente en los años sesenta de la Estudiantes por una Sociedad Democrática (SDS), y ahora es un muy reconocido profesor de la Universidad de Columbia. Cuando terminó su militancia estudiantil, Gitlin empezó a estudiar qué había pasado con su organización y se centró en la relación con los medios. Escribió con eso un libro imperdible (The Whole World is Watching: Mass Media in the Making and Unmaking of the Left, 1980), que aún no he leído. Allí analiza cómo el SDS se va radicalizando para satisfacer a la cobertura mediática y eso lo saca de sus objetivos principales.

Dice Tilly: “Gitlin concluyó que la cobertura informativa animaba a los activistas a seguir siendo noticia a través de una serie de innovaciones que no siempre aportaban algo a la causa, a sustituir aquellos elementos que les decían los medios informativos por la observación directa de los efectos de sus acciones, a prestar una atención desproporcionada a símbolos, eslóganes, atuendos y actuaciones llamativas y, en ausencia de una información veraz sobre sus propios éxitos y fracasos, a moverse a caballo de la desesperación y el deseo de venganza” (p. 177)

Otro ejemplo relevante es el que da sobre China, donde el oficial El Diario del Pueblo publica en 1989 una editorial ante la manifestación de jóvenes por el funeral de Hu Yaobang, antiguo secretario general del PC Chino. Allí se habla de los jóvenes como “conspiración planeada”. Se juntan cien mil estudiantes para protestar contra esa editorial  y escala la protesta en la Plaza de  Tiananmen.

El tramo que más me gustó del libro viene cuando habla de la “integración en la política pública de las redes de confianza interpersonales” en las que “las redes de confianza son un componente mucho más sutil, pero no menos poderoso, de la democratización. Como ya han señalado muchos teóricos de la democracia, las conexiones entre redes de confianza interpersonales y la política pública afectan considerablemente a la democratización. La confianza es la presentación voluntaria de unos resultados futuros ante terceras personas, arriesgándose a la actuación impropia de terceros. El riesgo es la amenaza multiplicada por la incertidumbre. ….supeditan la reducción de la amenaza o de la incertidumbre a la actuación de otras personas sobre las que no ejercen un control absoluto. Este tipo de relaciones con el prójimo da lugar a redes de confianza. Cuando la gente se compromete con una empresa arriesgada, vinculante y a largo plazo, cuyos resultados dependen en gran medida de las actuaciones de terceras personas, suelen inscribir estas empresas en redes interpersonales cuyos participantes cumplen con sus compromisos y animan a los demás a hacer lo propio porque tienen poderosos incentivos para ello. Estas redes a menudo comparten los riesgos y apoyan a los miembros menos afortunados” (p. 256)

Aquí sí se ofrece un insight interesante para entender movimientos sociales, tanto en dictaduras como en democracias.

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