La CIA y el periodismo

dana priest

A raíz de una nota de Marcelo García, en Página 12, descubrí este informe de diciembre del 2012 del Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos sobre el programa de detención e interrogatorios de la Central Intelligence Agency (CIA). El informe, desclasificado hace pocas semanas, tiene un apetitoso capítulo sobre la relación con los periodistas.

Para empezar, la conclusión décima del informe dice:

#10: The CIA coordinated the release of classified information to the media, including inaccurate information concerning the effectiveness of the CIA’s enhanced interrogation techniques.
The CIA’s Office of Public Affairs and senior CIA officials coordinated to share classified information on the CIA’s Detention and Interrogation Program to select members of the media to counter public criticism, shape public opinion, and avoid potential congressional action to restrict
the CIA’s detention and interrogation authorities and budget. These disclosures occurred when the program was a classified covert action program, and before the CIA had briefed the full Committee membership on the program.
The deputy director of the CIA’s Counterterrorism Center wrote to a colleague in 2005, shortly before being interviewed by a media outlet, that “we either get out and sell, or we get hammered, which has implications beyond the media. [C]ongress reads it, cuts our authorities, messes up our budget… we either put outourstory or wegeteaten. [T]here is no middle ground.” The same CIA officer explained to a colleague that “when the [Washington Post]/[New York Tjimes quotes ‘senior intelligence official,’ it’s us… authorized and directed by opa [CIA’s Office of Public Affairs]. Much of the information the CIA provided to the media on the operation of the CIA’s Detention and Interrogation Program and the effectiveness of its enhanced interrogation techniques was inaccurate and was similar to the inaccurate information provided by the CIA to the Congress, the Department of Justice, and the White House”.

En la conclusión 19, mencionan que una de las causas del fin del programa fueron las revelaciones de los periodistas. Según el informe, en octubre del 2005, la CIA se enteró que Dana Priest, una periodista del Washington Post tenía información sobre este programa secreto de la CIA. Entonces empezaron a negociar con el diario, pero no pudieron evitar que el 2 de noviembre de ese año, la periodista publicara su primer artículo, “CIA Holds Terror Suspects in Secret Prisons”  (http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2005/11/01/AR2005110101644.html).  Esa serie de notas le hizo ganar el Premio Pulitzer en beat reporting en el 2006 (en la foto de arriba recibiendo el premio). El informe dice que las revelaciones del Post provocaron desplazamientos y cambios en el programa. El informe cita un documento interno donde dice que el impacto del artículo afectó la participación secreta de otros países: “[t]he article is prompting our partners to reassess the benefits and costs of cooperating with the [U.S. government] and CIA. These services have conducted aggressive, high-impact operations with CIA against… targets, including We no longer expect the services to be as aggressive or cooperative”. En algunos casos, esos centros de detención clandestina se tuvieron que cerrar en pocas horas, por la presión de los gobiernos. Lo curioso es que la Secretaria de Estado de aquel momento no estaba enterada en qué países tenían esas cárceles secretas, e incluso a veces ni los embajadores de Estados Unidos en ese país.  Por esa filtración a la periodista, fue despedida de la CIA su funcionaria Mary McCarthy.

En el capítulo cuarto del informe se describe cómo trataron de influir en la cobertura periodística de este programa secreto. Hablaron off the record con periodistas para influir en notas y en libros. Filtraban información secreta, pero nunca abrían una investigación interna para ver quién había sido el filtrador interno, como suelen hacer. La CIA le filtró información a periodistas que escribían libros, a periodistas del The New York Times, o al programa Dateline  de NBC. El mensaje central era que los interrogatorios de la CIA lograban buena información para luchar contra el terrorismo, pero ese argumento estaba construido con datos falsos que la CIA filtraba a esos periodistas. Dice el informe que el periodista del The New York Times, Douglas Jehl, “provided the CIA with a detailed outline of his proposed story, informed the CIA that he would emphasize that the CIA’s enhanced interrogation techniques worked, that they were approved through an inter-agency process, and that the CIA went to great lengths to ensure that the
interrogation program was authorized by theWhite House and the Department of Justice.”

Jehl es ahora el foreign editor de The Washington Post, e hizo una declaración por su mención en el informe: “As a national security reporter for The Times in 2005, I worked aggressively to pursue and publish stories about the CIA’s harsh interrogation of terrorist suspects, at a time when those details remained highly classified.  I am proud of the work that my Times colleagues and I did in bringing these CIA practices to light.  I was not interviewed for the Senate report, and would never comment on reporting that was based on confidential conversations with current and former U.S. government officials”.

El informe también dice que en el 2002, el The New York Times tenía la información de que había una cárcel secreta en Tailandia, pero aceptó no informarla a pedido del vicepresidente Dick Cheney. Un periodista del diario, James Risen, dijo que finalmente se publicó en diciembre del año siguiente, cuando el detenido ya no estaba allí. El dueño del diario, Arthur Sulzberger Jr., defendió la actitud del diario: “There have been a handful of occasions when The Times has decided to hold back on publishing a given story after a compelling case had been made that immediate publication could potentially lead to a risk of life or other serious consequence. The intention is always to publish as soon as we feel we responsibly can, as we did in this case.”

El texto completo del informe está aquí.

 

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