“The Interview”: Cae un dictador a golpe de preguntas

 

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En esta comedia se trabaja sobre tres situaciones periodísticas posibles:

1) Una entrevista puede terminar con un dictador.  Hay un caso posiblemente con alguna similtud en México en 1908, cuando el presidente Porfirio Díaz, que gobernaba el país desde hacía siete períodos, se comprometió ante el periodista estadounidense James Creelman a no ser reelecto en las próximas elecciones de 1910. Se publicó en la revista Pearson’s, bajo el título Presidente Díaz, héroe de las Américas. (Creelman preguntó a Díaz: ¿Sabe usted que en Estados Unidos tenemos graves problemas por la elección del mismo presidente por más de 3 periodos? Sí. Lo sé. Es un sentimiento natural en los pueblos democráticos el que sus dirigentes deban ser cambiados. Estoy de acuerdo con este sentimiento. He tratado de dejar la presidencia en muchas ocasiones, pero he tenido que permanecer en ella por la propia salud del pueblo que ha confiado en mi). A veces también ocurrió al revés, una entrevista aceleró la llegada de una dictadura, como ocurrió cuando el gobernador brasileño Carlos Lacerda, -que era uno de los periodistas más importantes del país- atacó al presidente en una conversación con un periodista estadounidense en 1963, lo que fue importante para una crisis que llevó al golpe en 1964.

2) El periodista puede ser el asesino del tirano porque tiene acceso fácil. No encuentro todavía ejemplos, pero estoy seguro de que voy a encontrar.

3) Cooperación activa de los periodistas con los servicios de inteligencia. En una nota escrita para la revista Rolling Stone en 1977, uno de los héroes del watergate, Carl Bernstein, reveló que por lo menos 400 periodistas habían cooperado con la CIA en la Guerra Fría.

La trama de esta película consiste en que un periodista y un productor de un exitoso programa de entrevistas de entretenimiento viajan a Corea del Norte a entrevistar al líder de ese país, una de las dictaduras más cerradas del planeta. La CIA los convence para que aprovechen ese acceso que consiguieron para matarlo. Una disidente norcoreana los persuade para cambiar de estrategia: mejor que matarlo es revelarlo cómo efectivamente es en una entrevista en televisión a todo su pueblo, lo que finalmente hacen.

Es una entrevista con las preguntas adecuadas difundidas por la cámara a una audiencia masiva. Eso fue lo que en la película llevó a la revolución.

Pero de la ficción se pasó rápidamente a la realidad. Esta película cómica entró  insólitamente en la realidad cuando el gobierno de Corea del Norte amenazó a la distribuidora Columbia Pictures, a las pocas semanas la empresa relacionada Sony Pictures Entertainment fue hackeada, y se difundió información privada sobre sus directivos, los contratos de los actores, además de películas que no estaban terminadas. La agencia oficial de Corea del Norte calificó a la película como “un acto de terrorismo”. Ante las amenazas, Columbia editó algunas imágenes para hacerlas menos “ofensivas” hacía el líder norcoreano, sobre todo en el momento de su muerte. La película provocó un problema de seguridad nacional en Estados Unidos.  Sony decidió postergar el estreno, las cadenas de cine temían estrenarla. A Corea del Norte se le cortó internet por varias horas, de lo que acusaron a Estados Unidos, pero la muy pequeña red coreana depende de China, no de Obama. Como si fuera también escrito por un guionista, el gobierno coreano emitió un comunicado donde se refirió a Obama como “un mono en una jungla tropical”. La película se lanzó a través de alquiler online, venta y en algunos cines no integrados a las grandes cadenas. Habría sido hasta el momento el lanzamiento digital más exitoso de Sony.

Otros proyectos de películas se habrían suspendido por la reacción de la dictadura. Por ejemplo, una película que se estaba haciendo sobre el gran libro de periodismo gráfico Pyongyang, de Guy Delisle, ya comentado en el blog.

La ilusión de un periodista de derribar una dictadura, se trasladó al cine en la realidad. Uno de sus directores y guionistas, Seth Rogen dijo, “maybe the tapes will make their way to North Korea and cause a revolution”. De hecho, organizaciones de derechos humanos han distribuido en forma clandestina copias  de la película en memorias USB, y un activista manda DVDs a través de un globo desde Corea del Sur.

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