Número Cero, de Umberto Eco

Eco

Benito Mussolini escondido en la Argentina es la historia que inventa Umberto Eco para hablar de periodismo. La trama consiste en que un empresario poderoso arma un proyecto de diario para tener más influencia, y entrar así a círculos de poder a los que todavía no accede. Su intención no sería sacar finalmente el diario, sino solamente que se instale la noticia que lo va a hacer, y que se sepan cuáles serían sus características. Para eso solo necesita sacar “números cero” y luego hacerlos circular entre las personas a las que quiere impactar. Y le elige un nombre que es bastante usual, Domani. El dueño “quiere entrar a los altos circulos de las finanzas, de los bancos e incluso de los grandes periódicos. El instrumento es la promesa de un diario nuevo dispuesto a decir la verdad sobre todo. Doce números cero…..que el (dueño) examinará y luego hará que las vea quien sabe él. Una vez que (el dueño) demuestre que puede poner en apuros a los altos círculos financieros y políticos, es probable que los elegidos le rueguen que desista de semejante idea: el renuncia a Domani y obtiene el pase para las altas esferas” (p.27).

Eco aprovecha para retratar características del periodismo amarillo. La novela no me pareció buena, pero lejos estoy de ser un buen crítico literario. Desde el punto de vista del análisis del periodismo, su descripción es poco valiosa. Estas serian algunas de las citas recordables:

Sobre la objetividad anglosajona. “Si hablan, qué se yo, de un incendio o de un accidente de coche no pueden decir, evidentemente, qué piensan ellos. Y entonces introducen en la noticia, entre comillas, las declaraciones de un testigo, un hombre de la calle, un representante de la opinión pública. Una vez colocadas las comillas, esas afirmacionese se convierten en hechos, es decir, es un hecho que fulano ha expresado esa opinión. Con todo, se podría suponer que el periodista ha dado voz solo a quien piensa como él. Por lo tanto, las declaraciones serán dos, en contraste entre ellas, para demostrar que está claro que existen opiniones distintas sobre un mismo tema: el diario da cuenta de este hecho incontestable. La astucia está en entrecomillar pimrero una opinión trivial, luego otra opinión, más razonada, que se parece mucho a la opinión del periodista. De este modo el lector tiene la impresión de que se le informa sobre dos hechos pero se ve inducido a aceptar una sola opinión como la más convincente” (p. 57).

Sobre la agenda. “No son las noticias las que hacen el diario sino el diario el que hace las noticias. Y saber juntar cuatro noticias distintas significa proponerle al lector una quinta noticia” (p.59).

Más sobre la agenda. “El caso es que los diarios no están hechos para difundir sino para encubrir noticias. Sucede el hecho X, no puedes obviarlo, pero, como pone en apuros a demasiada gente, en ese mismo número escribes unos titulares que le ponen a uno los pelos de punta: madre deguella a sus cuatro hijos, quizás nuestros ahorros acaben en cenizas, se descubre una carta de insultos de Garibaldi a Nino Bixio [líderes de la unificación italiana a fines del siglo XIX] y, listo, tu noticia se ahoga en el gran mar de la información” (p.170).

 

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